El noroccidente de Bogotá tiene un urbanismo relativamente joven y estuvo apalancado en la caridad y el espíritu generoso de los hacendados del siglo XIX, verbigracia José Joaquín Vargas, quien donó terrenos para la construcción de barrios y vivienda e inclusive le alcanzó para que le hicieran conejo con la ofrenda hecha para salvar al hospital San Juan de Dios, con todo y eso las tierras entregadas al desarrollo fueron determinantes para que Bogotá creciera y se afianzara como una de las brandes capitales de América Latina.
El mecenas dejó para ayudar al fallecido nosocomio 13´440.000 metros cuadrados como muestra de gratitud a la espectacular medicina que se practicaba en el lugar y que salvó vidas, pero que igual devolvió tranquilidad y una sana existencia.
El noroccidente empieza a tomar forma urbanística en 1935 con la invasión de algunos terrenos, luego se impulsó la construcción de barrios obreros que paulatinamente le fueron dando forma a la zona de Barrios Unidos, con la muerte de José Joaquín Vargas, el hacendado y millonario dador quien había nacido en París, Francia.
Como Bogotá fue relativamente pequeña, su ruralidad fue vital en su crecimiento, así como en la puesta en marcha de varios conceptos de diversión muy de élite que fueron traídos de Estados Unidos y Europa por los ricos de la época. Fue así como la Hacienda la Magdalena entró a hacer parte de ese aporte al urbanismo porque allí fue fundado el Polo Club en 1897, destinado para la práctica de este deporte.
La hacienda, propiedad de la familia Espinosa construyó el hipódromo de la Magdalena y luego adquirió la hacienda Buenavista en donde fue construido en los años 50 el muy atractivo barrio Polo Club y la actual sede del refinado y exclusivo centro social.
El barrio como tal le debe su existencia al desaparecido Banco Central Hipotecario y al Instituto de Crédito Territorial, que trazaron un proyecto urbanístico de muy buenas condiciones en 1957, el año del plebiscito, tiempo en el que mandaba en Colombia el General Gustavo Rojas Pinilla.
Este barrio fruto de una excelente planeación se convirtió en el techo de cientos de familias que fueron narrando una historia nueva tras dejar atrás las generaciones pioneras. En el Pollo Club quedó plasmado el ingenio y la siempre fresca creatividad del arquitecto Rogelio Salmona, quien diseño algunas viviendas y soluciones para una clase social media alta con grandes posibilidades económicas y por ello acomodadas y sosegadas. Con el correr del tiempo y tras acopiar muchos almanaques el barrio fue declarado sector de tratamiento de conservación ambiental en la década del 70 y luego en los 80 fue proclamado como bien de conservación urbanística.
Hoy cuando avanza vertiginosamente el siglo XXI, el sector ya tiene sus abriles como de dice popularmente y debe someterse al igual que en otras latitudes a un proceso de renovación urbana que generalmente se lleva a cabo en lugares en donde hay desperfecto y abandono, caldo de cultivo de la delincuencia, aunque el Polo Club es un barrio relativamente tranquilo en donde personas en su mayoría de la tercera edad, reviven con nostalgia sus cuitas.
Aparte del deterioro hay contextos diferentes que invitan a promover planes de desarrollo de gran impacto para hacer un uso eficiente de los suelos, construir modernidad y sacar el máximo de provecho de las condiciones geográficas que, para el caso de el Polo Club, goza de una posición muy estratégica.
El selecto barrio Polo Club está ubicado entre la carrera 30, también avenida NQS y la Autopista del Norte, un sector predilecto en el norte de Bogotá bautizado con toda razón el “triángulo de oro”.
Esta representativa jurisdicción es la respuesta a las enormes necesidades de vivienda para la clase media que necesitaba un sitio adecuado en la década de los 50, un momento especial y recordado del siglo XX. La historia empieza a escribirse cuando los terrenos del antiguo club fueron adquiridos por el Banco Central Hipotecario en 1965, con el Inscredial impulsaron la construcción de viviendas tipo residencial de dos pisos, perfectamente ubicadas, con vías a todos los puntos cardinales de la capital y zonas verdes. Más adelante fueron erigidos los edificios en donde quedó la rúbrica inmarchitable de Rogelio Salmona, dándole a l barrio todo un plus.
El Polo Club hace parte de la localidad de Barrios Unidos, hoy cuenta con facilidades de transporte como Transmilenio, pero hay rutas y otras opciones para toda la ciudad pues el sector es casi como el ombligo del imponente Distrito Capital.
La nueva propuesta promete porque respeta la historia
El barrio Polo nace al final de la década de los años 50 en los predios del antiguo Polo Club de Bogotá. El Instituto de Crédito Territorial (Inscredial) fue el gestor del desarrollo urbanístico del barrio y de garantizar una infraestructura que supliera las necesidades de los residentes, integrando espacios verdes para crear un estilo de vida tranquilo y saludable. Este barrio es icónico para la capital colombiana porque, en los años 70 se declara sector de conservación ambiental y en los 80 como bien de conservación urbanística.
Su ubicación privilegiada se encuentra en un triángulo dorado, entre la autopista Norte, la calle 80 y la avenida NQS, lo que le permite estar conectado con las principales vías de la ciudad y tener una gran oferta de movilidad, como estar cerca de los principales centros comerciales, el Atlantis, Andino, Unicentro y Titán Plaza, además de parques como el de la 93, el Virrey, Simón Bolívar, así como supermercados, gimnasios y bancos. Es el único barrio de Bogotá que actualmente cuenta con cinco estaciones de Transmilenio: El Polo, Calle 85, Castellana, Héroes y Virrey.
Este barrio tradicional, es distintivo por su arquitectura y su diseño, cuenta –como se ha dicho– con más de medio siglo de historia y se prepara para dar un gran paso con la renovación del nuevo barrio Polo Club, propuesta que busca cambiarles la vida a 120 familias que vivían en ese grupo de edificios, actualmente deteriorados.
En virtud de lo anterior, cuatro empresas (Arpro, Hitos Urbanos, DOM Real Estate y Urbanum) se unieron para sacar adelante la renovación del barrio, gracias al Decreto 621 de la Alcaldía de Bogotá, expedido en 2016. La renovación consiste en aprovechar las zonas abandonadas o subutilizadas, en una localización estratégica para que los futuros habitantes o compradores puedan aprovechar el excelente lugar.
“La renovación del Polo consiste en transformar y reemplazar los edificios en los que vivían 120 familias con nuevas edificaciones, permitiéndoles a los habitantes hacer uso de espacios en los que la ciudad ha invertido de manera significativa en infraestructura”, afirmó Diego Ordóñez, fundador y gerente de DOM Real Estate.
Es claro que los propietarios se beneficiarán con la renovación y la transformación del terreno, y para esto ellos tenían tres opciones: la venta del apartamento, el canje para la construcción o una mezcla de venta y canje. Fue un proceso que duró más de dos años para que todos los propietarios estuvieran de acuerdo. Una vez que se obtuvo el aval, los propietarios que decidieron dar su apartamento por canje recibieron un beneficio de arriendo en una vivienda transitoria, mientras dura la construcción de la obra proyectada.
Como se trata de un conjunto tradicional, que guarda la concepción por la cual fue creado y salvaguarda la vida de barrio en comunidad, las cuatro empresas construirán un nuevo proyecto de vivienda que fusionará lo tradicional con lo moderno. Así es como nace el proyecto de renovación urbana más grande de Bogotá, El Polo, con tres torres: la número 1 y la 2 conservan la vida familiar, y la torre 3 es una excelente opción para inversionistas que buscan estabilidad, valorización y opciones para incrementar los rendimientos monetarios de sus flujos de inversión, con proyectos que garantizan el desarrollo de la ciudad.
Todo esto será realidad en un lote de una hectárea, donde se construirán aproximadamente 800 apartamentos en la primera fase y 364 en la segunda, distribuidos en las mencionadas tres torres de 25 pisos cada una, proyecto multiproducto en el que habrá apartamentos desde 23 hasta 40 metros cuadrados, para jóvenes o inversionistas que deseen rentarlos durante estadías cortas, y productos familiares de 2 y 3 alcobas que van de los 70 a los 118 metros cuadrados.
Este conjunto residencial es muy atractivo por las oportunidades que ofrece de ocio, entretenimiento, deporte y zonas de trabajo, ya que cuenta con 2.400 metros cuadrados de zonas sociales cubiertas y 1.500 de superficies al aire libre, divididas en cuatro categorías que se adaptan a variados estilos de vida.
Único e irrepetible, el Polo empieza a construir su nueva historia, generando cerca de mil empleos directos e indirectos, que llevarán a propietarios antiguos y nuevos al disfrute de un apartamento de calidad, seguro y estable.
