Domingo, 16 Agosto 2026 08:23

Grano excelso de Guacamayas, con orgullo regional, El Café de mi Tierra

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En el norte de Boyacá y en este particular municipio se siembra café de taza inigualable, un trabajo que pasa por seleccionar semillas de calidad y un beneficio que termina en una bebida de lujo.

El municipio de Guacamayas quedó grabado en mi mente de manera grata por cuanto está lleno de color, tranquilidad y aroma de café. En este hermoso pueblo de la Provincia de Gutiérrez el clima hace parte del valor agregado, pero igual sus paisajes y su condición de ser la gran puerta de ingreso al emblemático nevado del Cocuy. Sin duda es una localidad guapa, con una hermosa iglesia centenaria que fue restaurada para sus feligreses y desde luego para los católicos visitantes, se trata de la refulgente parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá que pertenece a la Diócesis de Málaga-Soata.

Esta abigarrada población es un tesoro que decora la cordillera oriental en el norte de Boyacá, lugar que saca provecho geográfico y climático por estar ubicado en la microcuenca del río Nevado, goza de un vecindario que pareciera una obra de arte hecha por Dios, allí lo observan poblaciones importantes como Güicán de la Sierra, Chiscas, El Cocuy, El Espino y Panqueba.

No cabe vacilación alguna, si la idea de una persona es pensionarse y tener un plan de vida matizada por clima y tranquilidad, Guacamayas la está esperando, en este punto lleno de respeto, carisma y arte porque es una tierra de manufactura milenaria, sitio de los indígenas Laches que impulsaron actividades tales como tejidos y cerámica, al parecer fueron de buen gusto en temas de moda porque diseñaron prendas en algodón, fique y cabello humano.

Eran Los Laches, aborígenes guerreros y de carácter fuerte. En medio de su temperamento sacaron tiempo para el buen gusto y el bien vestir, utilizaron cueros curtidos de venado, plumas de colores y accesorios brindados por la naturaleza y su entorno, mostraron lo mejor de sí a la hora de crear o hacer manualidades, pero en temas de guerra o acciones a la ofensiva, el asunto fue bien complicado pues hicieron del territorio un espacio inexpugnable y totalmente impenetrable.

 

 

Guacamayas es una población pequeña de 1.983 habitantes, fue erigida el 14 de julio de 1764 y ofrece un espacio ameno y de pleno sosiego en donde descansar es totalmente posible. El lugar igual colindante con Macaravita, Santander, es muy conocido por su técnica artesanal de tejido enrollado.

Su altitud promedia es de 2.296 metros sobre el nivel del mar y por eso tiene lugares ideales para la siembra de café, un grano muy bien tratado, con semillas juiciosamente escogidas hasta hacerlas cultivos diferentes de donde surge un café especial de grandes condiciones, una fragancia y un sabor que hacen de Guacamayas un lugar que deja un muy buen sabor.

Luego de este efímero viaje por el tiempo, qué bueno es entrar en materia cafetera porque ese trabajo realizado por la marca “El Café de mi Tierra” es de admirar y replicar cuando de producir y comercializar bebestible con encomiable valor agregado se trata. 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el gerente y fundador de El Café de mi Tierra Wilder García aseguró que no hay nada más placentero que llevar café de enormes atributos de la semilla a la taza, un trabajo que realiza desde hace 12 años y que lo condujo a constituir la empresa nueve años tras en 2017.

La iniciativa arrancó en el momento en el que la familia partió un día cualquiera para Bogotá en búsqueda de oportunidades, sin notar que la opción número uno la tenían a la mano en la pequeña, pero grandilocuente Guacamayas, una población excepcional para sembrar café del bueno.

 

 

Este guacamayero de pura cepa, es zootecnista precisamente por su arraigado amor por el campo y descubrió que el clima de Guacamayas era ideal para la siembra de café y otros cultivos, esa pasión y el olfato de negocio lo llenaron de impulso y adquirió una finca de los abuelos de su señora madre, cerró la compra en 2015 y de inmediato despegó con las primeras plantaciones que salieron cargadas de calidad y prospectiva, otra razón de peso para dar nuevos pasos y fundó la empresa “El Café de mi Tierra” pensando en que muchos tienen como foco en tiempos especiales o de soledad máxima el anhelado destino y qué mejor que “mi tierrita”, algo muy de Boyacá y de Colombia en general.

La idea fue clara desde en principio, el nuevo café y su tremenda condición en calidad tenía un objetivo, conquistar desde Guacamayas todos los corazones de Colombia y del mundo, mejor dicho, generar apego por el paladar.

El Café de mi Tierra sale de la finca a hogares en Bogotá, el principal mercado, en Boyacá distribuye a Tunja, Villa de Leyva, Tibasosa, Sogamoso, en Antioquia los envíos van a Medellín, pero hay pedidos de Neiva y Cartagena. El producto salió del país y es despachado a Estados Unidos, pero hoy hay contactos para abastecer nichos de especialidad en España y México.

Dentro de los objetivos de la marca está igualmente ampliar los mercados locales y extranjeros, pero de manera paralela comercializar todo lo que produce Guacamayas, verbigracia, los tejidos hechos a mano o cestería en rollo, la tercera denominación de origen que hubo en Colombia.

 

“La apuesta municipal es grande porque detrás de esto, Guacamayas se identifica mucho con la cestería en Rollo que son manualidades de fique y paja repletas de color y encanto a la hora de decorar”, declaró el señor García.

 

 

 

Hoy en su finca, este empresario produce café Tabi, Borbón Rosado, Castillo y en crecimiento tiene Geisha, Borbón Sidra, Borbón Ají y otras calidades, pero la empresa sabe que su éxito está atado a la innovación y a los procesos controlados.

 

Cambio climático, un tema que se puede llevar

Hoy por hoy la humanidad experimenta un caos con el clima, el asunto se hace más retador en zonas tropicales en donde las expresiones atmosféricas son extremas y súbitas. Una ventaja de Wilder García es que cuando empezó con las siembras hizo reservorios una condición que le ofrece ventajas porque cuenta con distrito de riego, pero lo más importante utiliza sombra en los cafetos gracias al cultivo de frutales, mango, limón, mandarina, plátano y un palo ideal llamado guamo que ofrece importante sombra y ayuda a paliar el fenómeno de El Niño.

Anotó que sin bien logró blindarse con antelación, lo cierto es que en su finca siembra en laderas a unas alturas de 1.950 o 2.100 metros sobre el nivel del mar, un café de altura que recibe el frío de la madrugada lo que hace que las plantas se expresen y allí el factor sombra es determinante para obtener cafés de gran sabor y una calidad inobjetable porque el tostado en origen igual se hace en la finca Villa Nubia, bautizada así en honor a la señora Nubia, mamá del inquieto y visionario empresario.

 

 

La empresa que ya tiene su historia y todo un Know How no solo vende café, igual ofrece turismo para quienes busquen experiencias diferentes y eso llevó a crear el coffee-Tour también, algo grato porque se pueden ver procesos de café, interactuar con la naturaleza y desde luego conversar con doña Nubia.

Un asunto que inquieta a Wilder García es que hay muchas marcas de café, pero lamentablemente por fuera de la calidad porque enseñaron a la gente a tomar pasillas quemadas que son nocivas para el organismo, productos que no cumplen con la promesa de valor, empezando porque es una materia prima que viene de otros países en donde la inocuidad puede tener otras exigencias. El reto, acentuó, es seguir impulsando el consumo de café diferenciado para que la gente sepa que es Colombia en grano y disfrute de una bebida con denominación de origen, matizada por estar en la línea de cafés especiales y sin desmedro para la salud.

 

“Nosotros queremos forjar una cultura totalmente cafetera y cambiar esa mentalidad que tenemos de tomar lo corriente y dejar de lado las buenas opciones en grano molido, es por eso que nosotros los caficultores buscamos mercados extranjeros ya que ellos si valoran nuestro trabajo, pero la idea es que Colombia, el tercer país más importante en la producción de café, deje una cantidad en el territorio para consumo interno que generalmente se vende mejor que el exportado porque hay personas que pagan bien una taza de café de atributo y por eso recalco, hay que generar cultura de consumo y apego por lo nuestro. Es por eso que estoy llevando los colegios de mi provincia, norte de Gutiérrez, mañana estaré con las escuelas rurales que conocerán cómo es el proceso del café y aprenderán a tomarlo, nada negro, oscuro y amargo, seguramente malsano, caso opuesto una tostión media-media, distintos sabores y aromas, la meta es que los jóvenes se enamoren del café de la tierra, del café colombiano y particularmente del boyacense que tiene notas y excelentes características en taza”, precisó el conocedor.

 

Recordó que, junto a Norte de Santander y Santander, Boyacá es uno de los departamentos pioneros en la caficultura de la región oriental en donde hubo creadores de marca, gestores de nuevas variedades y en general de cafés de especialidad.

 

 

Adicionando a Cundinamarca gran productor en el siglo XIX e inicios del XX, la caficultura se expandió por el país y por eso a donde quiera que uno vaya encontrará en cualquier región cafetera un café de muy buenas condiciones, todos hacen su mejor esfuerzo por obtener café de muy buena calidad y por eso entorno al café se ha construido historia, pero también tejido social e inclusión porque tras las matas de café hay empleo, crecimiento y desarrollo, algo muy trascendental en Colombia.

La gente busca ese toque de distinción a la hora de pedir café y es notorio que las personas están asistiendo con mayor regularidad a las tiendas de café especial, algo que muestra afortunadamente que ha avanzado la cultura en la ingesta de café por cuanto la calidad y el buen gusto desplazaron cafés de termos, grecas u ollas, ahora el consumidor va tras el local agradable, la imponente máquina y el café de origen que realmente marca la diferencia y pone plus en un trabajo que se hace bien, fenómeno gratificante que reconoce esfuerzo y conocimiento cuando en tiempos recientes el productor no era ni someramente nombrado, pero hoy enhorabuena, apuntó, los cafeteros hacen parte de toda la cadena de valor del café, lo que resulta de gran relevancia.

El café, y nadie lo puede omitir, ha sido la columna vertebral de la economía, es la identidad del país y más allá del tejido empresarial y el progreso que genera, la caficultura es ingreso, calidad de vida y una total bendición. Para el caso de El Café de mi Tierra, en cosecha se genera empleo para diez familias en el municipio más las chicas que atienden en las otras tiendas como Güicán de la Sierra y El Cocuy que son pueblos turísticos por la sierra nevada en donde igualmente ingresa Chita. Todo, un escenario de consumo que permite apostar por la cultura, desde luego generando puestos de trabajo para que la gente vea oportunidades en ese espectacular entorno cafetero.

 

Dentro de las metas, una rentable expansión

 

 

El negocio del café de especialidad tiene una particularidad y es que cuando arranca va pidiendo nuevas plazas y mercados que permitan crecer, llevar producto de primera calidad y generar un sello que permita vender región en todo el país e inclusive fuera de él.

En los planes a futuro de la firma está llegar a Tunja la capital de Boyacá, igual atender la propuesta de unos extranjeros, puntualmente un ciudadano francés que pretende abrir con producto de Guacamayas y básicamente apalancado en El Café de mi Tierra una tienda en Cartagena, algo que invita a pensar en la “Heroica”, pero paso a paso porque todo en la vida es un proceso. Otra ciudad a donde quisiera arribar García es Bogotá, una urbe enorme en donde emergen las oportunidades y se logran con trabajo muchos objetivos, pero eso exige cafés de muy alta calidad, trazabilidad extrema y la denominación de origen.

El tema Bogotá, comentó Wilder García, invita a considerar la inversión porque es una muy buena plaza toda vez que la gente aprendió a tomar café de calidad, grano de origen y cargado de aroma y sabor, una razón de peso parea comprender por qué el 80 por ciento del café produce esta casa cafetera tiene como destino la capital del país, igual acontece con los comerciantes y habitantes de los municipios de la Sierra Nevada del Cocuy porque hay pedidos de Güicán de la Sierra, El Cocuy y Chita.

Los proyectos y el crecimiento de la demanda de café de especialidad ha hecho que aumenten las siembras de grano y por eso aparte de las variedades que venían dando resultado se unieron Borbón Sidra, Borbón Ají y otros con los que se puede experimentar en la misma finca, nada por fuera del núcleo productivo o de la región, la oferta es alcanzar nuevas experiencias, pero con aromas y sabores de gran contundencia, objetivos que hacen a la marca más fuerte y mucho más grandes, haciendo demasiado énfasis en el origen Guacamayas, un municipio colorido y llamativo, el terruño de un empresario guacamayero que en defensa de eso le pone al reto más amor y toda su pasión.

Para muchos, ese tono tropical y colorido de Guacamayas se disfruta mucho más al sabor de una buena taza de café producido en el municipio y con un sello bastante peculiar, El Café de mi Tierra, toda una inspiración parea el lema de esta marca, “de la semilla a la taza” en donde va impreso el amor del caficultor y la bebida presta al consumidor. También se hacen los envíos que acopió otro lema, “de la finca a su casa”.

 

 

Las cafeterías abren en Guacamayas y Güicán de la Sierra de martes a domingo de dos de la tarde a ocho de la noche, pero en festividades y días especiales el servicio inicia a las diez de la mañana y termina a las diez de la noche. Para el caso de la tienda de El Cocuy la atención arranca a las nueve de la mañana y el cierre es a las ocho de la noche.

Dentro de la misión de esta empresa está claro que día a día hay que mejorar e innovar, eso sí llevando a lo más alto el origen Guacamayas.

 

Retos, hay varios

Cuando uno habla con los productores de café, corrientemente hablan de retos y allí entra el clima, la renovación de cafetos, comercialización, apertura de mercados, sostenibilidad y aumento del consumo, claro hay otros y demandan atención, pero en principio los citados son estos.

A juicio del gerente y fundador de Café de mi Tierra, el desafío está en generar cultura de consumo, expandir marca y lograr unos cafés increíbles, de tremenda calidad y apego habida cuenta que en caficultura se avanza cuando se marca la diferencia con sabores y unos atributos encantadores que llevan a que un cliente se enamore de las virtudes en taza y se matricule en fidelización.

 

 

“Es por eso que el café colombiano se sigue imponiendo en el mundo, hay locos caficultores como yo que estamos apostando a una estricta trazabilidad y calidad, escribiendo historia porque finalmente al lado de los atributos, los precedentes y la semblanza venden, es lo que quiero y sueño, se trata de metas que con trabajo voy a alcanzar para demostrarles a mis padres, Nubia Silva y Yebrail García, hoy gozando de plena salud, que el mundo tomará y hablará de mi café.

 

A propósito de la señora Nubia, es una mujer amable y encantadora, admirada con las varas que va poniendo su hijo para sí mismo buscando mayor excelencia y verdadera calidad en lo que ama tanto, el café.

El café, subrayó Wilder, es un cúmulo de pasión, amor y demasiado conocimiento, destacó que en su finca la recolección de grano en cosecha está a cargo de cuatro mujeres porque allí el género es vital porque tiene más carisma, además las féminas son más meticulosas y observadoras, diferentes a los hombres que quieren llenar el cubo lo más rápido posible.

Sostuvo que el éxito de un café especial está en una adecuada recolección porque allí inicia un proceso que va desde ver granos apropiados, tomarlos con delicadeza para seguir con los procesos de beneficio.

Hoy los cafés lavados tienen un freno y se ha pasado a los cafés semi-lavados porque la idea es no involucrar tanta agua que seguramente se necesitará con el fuerte fenómeno de El Niño y aunque la finca cuenta con nacederos de agua, se cuidan muchísimo, aunque de todas maneras merma por el clima seco el flujo de líquido.

 

“No estamos dilapidando agua, no estamos haciendo tantos procesos lavados y optamos por semi-lavados y metidos de lleno con los Honey o enmielados, método en el que se conserva la capa pegajosa de mucílago en el tiempo de secado, un mecanismo que ofrece dulzor natural. Dentro de esa apuesta de Honey tenemos Yellow Honey y Red Honey, aunque existen también y con enorme calidad el White Honey y el Black Honey, pero lo cierto es que estamos cuidando el agua y por eso nos apartamos de las técnicas de lavado y naturales por el momento no estoy sacando porque por la altura de Guacamayas puede afectarse en la madrugada por lo que exige el máximo control, a futuro quiero hacer una inversión, una secadora que controle las variables de temperatura”, puntualizó Wilder García.

 

 

Destacó que en Honey ha sido exitoso en Yellow Honey y Red Honey, recordó que en Tabi cuenta con un Yellow Honey increíble y apuntó que alcanzó un Borbón Rosado también de Red Honey, es decir diferentes variedades con mucho amor en el proceso.

Independiente de la gravedad del cambio climático y hoy del aterrador fenómeno de El Niño, García expresó que en temas atmosféricos pasa como en la salud por cuanto los males se previenen y no se atacan cuando están encima, y eso lo logró este caficultor cuando adquirió la finca, un momento en el que sembró muchísimos árboles para darle sonrío y frescura al café, por eso cultivo cedros, Nogales, saucos, alisos, guamos y ahora distintas variedades de aguacate, básicamente criollo en vista que su semilla ya se está acabando y en ese sentido se siguen sembrando árboles y en las partes en donde es notorio que pega más fuerte el sol se llenan de boscaje.

Un punto en el que insistió el egregio cafetero es vender valor agregado porque el commoditie es un producto en bruto que cuesta por volumen y por un precio fijado en la bolsa de Nueva York, caso opuesto los cafés especiales que pueden costar más de cuatro o diez dólares dependiendo de la calidad, un factor que juega a favor de la marca El Café de mi Tierra porque es con toda tranquilidad un producto garantizado porque sale de la finca con el mejor trato y los sellos de exigencia, empezando por el origen, pero ese grano, apuntó García, es cultivado, procesado y comercializado al amparo de un mismo techo, de una sola empresa, un café confiable, sin mezclas y respetando trazabilidad y origen, lo que busca el mercado mundial.

Los cultivos en esta marca, y sabiendo que hay plagas y que pueden llegar otras, manifestó Wilder García son muy limitados en químicos en vista que lo único que se usa con síntesis química son los fertilizantes que se aplican en el 50 por ciento porque el otro 50 por ciento es abono orgánico aprovechando la estación de compostaje, pero indicó que no hay fumigaciones ni nada que atente contra la salud humana.

Los venenos y fungicidas están por fuera del listado de la finca porque esta unidad productiva tiene abejas que son vitales en la polinización, mejorando el volumen y el peso del grano que muestra aumentos en sus rendimientos del 25 y 30 por ciento. Todo ese compendio de buenas prácticas y agricultura limpia se hace pensando en los consumidores y queriendo trascender día a día por el mundo porque la meta es clara, llegar a las grandes ligas de cafés de especialidad en donde se haga el justo reconocimiento a un pueblo pequeño del norte de Boyacá, muy cerca a la Sierra Nevada del Cocuy, muestra adicional que la altura influye mucho en la calidad.

 

 

El lugar en Guacamayas, una esquina amable diagonal a la iglesia, tiene precios muy accesibles, un café americano de origen cuesta tan solo 4.000 pesos y el grano de especialidad no supera los 10.000 pesos, muy poco dinero para tanto atributo que se prepara en distintos métodos Chemex, sifón y AeroPress. Un espacio único para tomar el mejor café, punto imperdible de quienes arriban procedentes de la ciudad que hacen clic con El Café de mi Tierra, un muy buen bebestible que hace que quienes lo venden se sientan reconfortados y estimulados para seguir invirtiendo, creciendo y subiendo las calidades.

En el bonito negocio está el souvenir indicado para el regreso a casa o a la oficina, hay tazas, termos, chocolates con café y artículos muy de Guacamayas porque si no es café el turista tiene la opción de pocillos y muchos otros regalos, además quien llega por descanso, parte con paisajes y montañas únicas en el recuerdo o marcado por el hechizo de Villa Nubia, esos instantes maravillosos que invita a volver.

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