Domingo, 08 Septiembre 2024 07:43

En Colombia debe haber un diésel agrícola subsidiado: Fenalce

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En Colombia debe haber un diésel agrícola subsidiado: Fenalce Imagen-de-Matthias-Böckel-en-Pixabay

En opinión de los cerealistas y productores de leguminosas y soya hay que diferenciar este combustible del transporte porque para ser una despensa de alimentos hay que dar condiciones.

Por fortuna todo terminó, nuevamente y con cargo a los combustibles Colombia había entrado en paro de transportistas, algunos sectores dicen que los combustibles están por los cielos y que todo es culpa del gobierno, pero lo cierto es que el Estado, independiente de los derechos constitucionales, no tiene obligación de subsidiar absolutamente a nadie, ese tipo de dádiva se convirtió en una vagabundería en donde solo cinco empresarios o gremios reparten unos recursos que suda el pueblo, que cuestan sacrificio, pero que muchos piensan erróneamente, insisto, hay obligaciones hereditarias omitiendo que no son más que compromisos espurios, pago de favores y la quiebra estatal, un valor caprichoso que no se puede seguir tolerando.

Hemos dicho que el asistencialismo no ayuda, pervierte, hace del trabajador un zángano o la mejor oda a la pereza, le roba mano de obra al campo, criticamos los regalos de dinero y nos molesta saber que las reformas tributarias se hacen casi que por encargo para apagar incendios y remunerar corruptelas, ninguna en más de treinta o cincuenta años ha sido eficaz, insistimos, urge abaratar el país, hacerlo viable y confiable, las empresas no resisten más tributos, están reventadas, es por eso que crecen la informalidad y la industria del crimen que mueve billones anuales y no recibe notificaciones de la Dirección de Impuestos y Adunas Nacionales, DIAN.

Llevar el IVA a un dígito, bajar el impuesto de renta al 20 por ciento y desmontar todas las exenciones le daría al país oxígeno puro, haría que las empresas se instalaran en Colombia y se dispararía la oferta de empleo, el mejor subsidio, de igual manera muchos buscarían la formalidad y el país tendría margen de progreso, pero infortunadamente la única salida de los gobiernos, izquierda y derecha, es apretar a los nacionales con unas tarifas impagables y bajo las presiones más tenaces. Hay manera de mejorar las cargas, el país necesita menos compromisos del ejecutivo con la gran empresa y mayor cumplimiento con el campo en donde todo está por hacer, aún se pueden mejorar las cosas, corregir errores y sacar a Colombia de la UCI fiscal, a donde llegó por irresponsabilidad, pésimos manejos y todo tipo de mentiras porque se habló del voto de confianza de la inversión extranjera directa y los recursos no se vieron, aumentó la pobreza y la deuda externa, luego ¿cuál fue el beneficio real de esa economía extractiva?

 

 

Recientemente acudimos a una reyerta impresentable, un conjurado paro de camioneros sin todos los camioneros y en donde las verdaderas diferencias no eran con el Estado sino con las empresas intermediarias de carga que según algunos transportadores les hacen conejo a los conductores que reciben un flete disminuido, por fuera del costo real, muy poco ingreso y pagos a largo plazo, caso opuesto los pequeños propietarios de equipo se quedan con una carga enorme por los costos de operación. Esta franja de camioneros ni siquiera estaba alterada por el ajuste en el diésel y es consciente que el gobierno no debe comprometerse con ese monto porque entiende que fiscalmente no es soportable, los señores de la carga piden equidad, el cumplimiento de las tablas y cálculos para liquidar fletes y unos pagos oportunos.

De todo se ha rumorado, a tal punto que muchos en la calle dicen que ya va siendo hora de saber de dónde salen tantos camiones porque no es justo que algunos empresarios serios terminen de gratis en la picota pública, hay inversiones y mucho esfuerzo, pero desde hace décadas se habla de lavado y blanqueo de dinero, un asunto en el que se debe ahondar porque nadie compite ni puede contender con capitales voluminosos y de dudosa procedencia, allí sería bueno despejar dudas, aclaro, en el transporte hay nombres y apellidos de personas sumamente decentes.

Ahora bien, los inconvenientes del camionerismo no los puede pagar el país, la gente de a pie que ve amenazada su dieta, su salud y la tranquilidad, finalmente cuando los combustibles suben los que pagan son los de ruana, luego no es justo que a esos que se muelen trabajando, de manera abusiva les cierren vías, calles y hasta trochas, sencillamente porque el alcahuete papa gobierno no quiere dar más subsidios, la protesta social a futuro debe cambiar su rumbo y abandonar la amenaza, las vías de hecho y el abuso.

 

El campo necesita diésel de bajo costo para la maquinaria

La fórmula es otra, amainar los costos del diésel para la maquinaria agrícola y retomar lo más pronto posible el sistema férreo que terminó liquidado por gusto de quienes promovieron las costosas llantas. El país reclama el tren desde hace años lo pide agritos porque sin vía férrea no existe competitividad alguna, Colombia compite, inclusive en la región, con países que tienen sus trenes y hasta los ríos como modos importantísimos de transporte de carga y pasajeros, ¡qué vergüenza!

De otro lado en esta charla con un verdadero experto en temas agropecuarios fue necesario precisar sobre los cambios que necesita la agricultura que sigue saturándose de venenos y productos de alta toxicidad, responsables de cáncer, alteraciones genéticas y otras patologías.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, Henry Vanegas Angarita anotó que el problema de los combustibles, del ACPM, y de los bloqueos conducirá a una mayor inflación porque a criterio del dirigente gremial, el diésel no es un derivado del petróleo que se usa solamente para transportar insumos o la misma cosecha, también se requiere la mover toda la fuerza motriz que demanda la agricultura, desde preparar con tractor el terreno para el cultivo, impulsar la sembradora que es jalonada por un tractor, igual con las aplicaciones de fertilizantes o sustancias líquidas de insecticidas o fungicidas, todo eso, anotó, se hace movilizando un tractor con una bomba.

En temas de riego, apuntó el directivo, solo es posible con motobombas que operan con diésel, al igual que extraer agua de un canal de drenaje que necesita en los equipos combustible diésel. El agro depende mucho del ACPM pues igual hay asuntos como la reconversión con máquinas que necesitan el combustible, pero asimismo el secamiento más cuando el quemador solo funciona con este tipo de derivado. Para no ir tan lejos, apuntó Vanegas Angarita, los mayores costos del diésel en el agro lo que hace es encarecer la producción de comida.

El diésel, manifestó, no hay que pensarlo como lo hacen muchos gremios que solo viven de importar o de trasladar las materias primas pues en su opinión esa es la ínfima parte y una situación que no resulta representativo ya que lo más gravoso es que al productor de alimentos en el campo le subirá el costos de operación de una manera exagerada.

De manera audaz el Gerente General de Fenalce propuso la implantación de un diésel agrícola y subsidiado para diferenciarlo del combustible del transporte normal pues aclaró que si Colombia quiere ser una despensa de alimentos y producir comida para la vida es importante identificar problemas y talones de Aquiles porque al productor primario le están encareciendo sus principales insumos, básicamente el que se encarga de toda la fuerza motriz de la agricultura.

 

 

Es claro que los productores agrícolas necesitan verdaderas condiciones, combustibles de bajo costo para quienes siembran y cosechan alimentos, créditos baratos, bienes públicos, infraestructura y toda una estrategia de sostenibilidad porque ante el envejecimiento y la migración de la población campesina, fenómenos que dicen por qué no se consigue gente para trabajar, la opción es la mecanización y esa energía mecánica la mueve el diésel porque una planta alternativa puede captar la energía solar, puede haber energía química en algunos insumos, pero toda la mecanización requiere de motores movidos con combustibles fósiles, principalmente diésel en el campo.

 

“Esa situación no la han visualizado desde el alto gobierno y creen que están peleando contra las grandes transportadoras, no están chocando con la producción de comida”, declaró el señor Vanegas Angarita.

 

Los bloqueos son fatales para la productividad agropecuaria

Un hecho lamentable es que los bloqueos hacen daño y generan pérdidas de todo tipo porque tristemente el país adolece de infraestructura de secamiento en las fincas así como de centros de acopio regionales, el agricultor tiene que salir con el producto húmedo a comercializarlo y por ello los granos básicos se vuelven perecederos cuando no tendrían por qué serlo.

 

 

Explicó que si Colombia tuviera una infraestructura de poscosecha para secamiento en finca sería posible almacenar, pero si el producto no está seco, corre el riesgo de que se llene de hongos y se deteriore por posibles subidas de temperatura. Este nuevo capítulo con el transporte, aseveró, es un nuevo llamado para blindar y potenciar la economía agropecuaria.

La pasada protesta puso a los agricultores con los pelos de punta y no era para menos en vista que está saliendo la cosecha de soya en la Altillanura que asciende a 200.000 toneladas, están sembradas, dijo el contertulio, 79.135 hectáreas que aun promedio de 2.5 toneladas alcanza las 200.000 mencionadas. En el momento, señaló el vocero, se vislumbraron serios inconvenientes por cuanto hay contratos para entrega con la agroindustria y compromisos bancarios que se vencen, pero que se deben afrontar y además, remarcó, es necesario juntar plata para volver a sembrar en ese segundo semestre agrícola antes de que las lluvias lleguen y generen dificultades afectando los cultivos y castigando suelos, de todas maneras, acentuó, está la otra opción y es poner semilla a tiempo para que se alcancen tres meses de lluvia porque en diciembre viene el verano lamentablemente.

 

“Nos queda septiembre, octubre y noviembre y si no aprovechamos esos tres meses advirtiendo que ya se nos venció septiembre, entonces nos quedamos sin hacer segundo semestre y hay situaciones como Córdoba en donde ha salido el 20 por ciento de la cosecha de maíz, pero este departamento infortunadamente no tiene capacidad de almacenar sino dos terceras partes de lo que produce porque hay una tercera parte del grano que se vende fresco y húmedo para la arepería de Medellín, uno de los destinos de la producción cordobesa”, manifestó el Gerente General de Fenalce.

 

 

 

Recalcó que existe el gran riesgo de que gran parte de esa producción húmeda no se pueda salvar para el consumo humano y entonces vendrá un encarecimiento del maíz, la harina y de la arepa. Agregó que de haberse prolongado el paro camionero, en dos semanas hubiese escaseado el alimento para la producción de pollo, huevo, cerdo, pescado, leche y procesados para mascotas, ello sin contar los platos típicos y todo lo que se elabora a base de maíz, verbigracia empanadas, buñuelos, envueltos, tamales, mazamorra y otras preparaciones esenciales en la gastronomía criolla, por fortuna, celebró, hubo acuerdo.

Las protestas sin negar que son legítimas, son complejas y tienen diversas lecturas, eso sí, terribles impactos algo que invita al análisis porque hay medidas unilaterales que violan los derechos humanos pues la sociedad como un todo no puede poner sobre sus hombros los desencuentros entre el Estado y las distintas fuerzas económicas o de otro tipo pues está de por medio la vida y la salud de los colombianos, lo ideal es crear mecanismos de diálogo y concertación.

Sobre este particular Henry Vanegas Angarita anotó que urge analizar todas las implicaciones porque no es tan simple ver que el problema del alza en los combustibles afecta solo a los camiones pues está todo el componente de la maquinaria agrícola que pide otro tipo de mirada porque no hay duda que muchos proceso se frenan y no avanzan por los costos del diésel vital para la fuerza motriz.

El estudio, puntualizó, debe hacerse todo en su conjunto, con una visión más holística de todo el encadenamiento productivo y es precisamente en donde Fenalce hace su llamado porque no es solamente el transporte puesto que para los agricultores el envío en camión de insumos y de la cosecha constituye una parte nada más, pero el dirigente subrayó que todas las labores ejecutadas en la ruralidad son mucho más representativas y significativas, reconociendo que el campo no está del todo mecanizado ni con un alto nivel de automatización, solamente se mira el asunto desde la maquinaria agrícola.

 

Agricultura envenenada no vale nada, la doble moral

 

Por estos días fue noticia el tremendo volumen de herbicidas, pesticidas y otros insumos agrícolas que envía Europa a Latinoamérica, bloque comercial que no tolera trazas químicas, pero que tiene las más grandes casas de síntesis química y venenos, no en vano ostenta el título de precursor en este tipo de materias hechas en laboratorio que producen alteraciones en la salud humana, la muerte de los polinizadores y todo tipo de contratiempo, un dolor de cabeza para los agricultores de América Latina, sin embargo un gran negocio en el Viejo Mundo en donde no aceptan agricultura fumigada, eso sí venden tóxicos de manera impresionante, algo así como el debate de la doble moral.

Sobre este espinoso tema el Gerente General de Fenalce, Henry Vanegas Angarita indicó que la situación es que hay muchos productos que son prohibidos en otros países, pero que se comercializan sin ningún problema en Colombia. Dijo que las trazas de esos productos son causal de rechazo a la hora de exportar el producto final y en ese sentido, expresó, se necesita un sistema de trazabilidad vegetal mucho más robusto, pero igual aumentar los controles y registrar tiempos de carencia y no aplicación como también periodos cuarentenarios para poder tener unos alimentos cada vez más sanos e inofensivos que permitan llegar a los grandes y más exigentes mercados.

A juicio del versado la gran industria de agroquímicos la desarrolló inicialmente Europa, Alemania en su momento, Suiza, Francia y el mismo Estados Unidos, pero ahora los requerimientos de sanidad e inocuidad así como de alimentos cada vez más verdes y nutritivos, implica tener mucho cuidado en el manejo de esos agroquímicos.

Lo dijo el científico Luis Orlando Castro Cabrera, el propio Gerente General de Fenalce y otros conocedores, la síntesis química y los productos tóxicos están produciendo cáncer y otras enfermedades que pasan inclusive por deformaciones genéticas, pero el mercado no para y al parecer se desoye lo que se advierte o se cierran los ojos para no ver los gravísimos daños en la salud humana.

 

 

La realidad es una, las multinacionales siguen vendiendo lo que jamás debieron vender y en Latinoamérica los campesinos siguen adquiriendo lo que puede ser y ha sido su tragedia. En este frente hay varios análisis pues en agricultura hay escuelas que critican la revolución verde, pero siguen metidos en ese cuento, otros cuestionan la aplicación de determinado veneno, pero cuando van a recomendar, sugieren agroquímicos. De alguna manera, detalló Vanegas Angarita, algunos no han podido sobreponerse con productos alternativos y eso muestra, dijo, que hace falta más investigación, mayor conocimiento, aumentar el trabajo en procesos de insumos, propender por tener en cada finca una bio-fábrica y saber que se tiene a partir del microbioma, esa comunidad de microorganismos como hongos, bacterias y virus que habitan en una atmósfera específica, pero en general de la micro diversidad con relación a los procesos productivos, es decir se necesita mucho más conocimiento para poder cambiar y prescindir de los agroquímicos.

El proceso, exteriorizó Vanegas Angarita, hay que iniciarlo para lo cual es fundamental recuperar los suelos y contar por buenos niveles de materia orgánica, saber cómo manejar el ciclo del carbono y saber a plenitud de qué manera se hace una agricultura orgánico-mineral con microorganismos, es decir, puntualizó, hace falta estudiar mucho más.

En los campos hay casos abominables de personas afectadas por los agroquímicos. Lo apropiado sería que las casas que comercializan este tipo de productos como herbicidas, plaguicidas y otros de alta toxicidad capacitaran a los labriegos para el uso adecuado de estos materiales que mal utilizados afectan el bienestar y pueden causar la muerte.

Seguramente es difícil, pero no imposible, la agricultura debe migrar hacia las prácticas limpias, confiables e inocuas. Tenemos suelos adictivos y agricultores tercos que abusan de las aplicaciones, pero algún día tendrán que razonar y comprender que la transición agrícola es perentoria, el mundo come productos envenenados y por eso es el momento de parar y apostar por la vida y unas siembras hechas en suelos vivos y nutridas con bio-abonos, el momento es ahora, aplazar hace la diferencia entre vivir o morir.

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