Sábado, 22 Junio 2024 00:04

Miedo, el freno para hacer o sostener empresas de agro: Catalina Restrepo

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El país demanda verdaderas reglas de juego y mayor vigilancia, así como hacer cumplir la ley porque la delincuencia se tomó a Colombia en donde encontró un espacio ideal para atormentar la decencia.

Durante siglos la economía ha movido el mundo en medio de innovación y grandes descubrimientos tecnológicos, muchos puestos a prueba en la producción agrícola base de la vida y el sustento, así como del desarrollo gracias a la producción de materias primas. Generalmente se relaciona la agricultura con hombres, pero en el sector primario hubo y hay mujeres que construyeron imperios aportando trabajo, ideas, innovación, valores y todo el empuje. No es gratis la frase aquella de que, al lado de un gran hombre, hay una gran mujer, quizás lo que la historia no dice es que en varios episodios los laureles, todos, fueron para las valerosas divas.

Hay muchas historias de mujeres empresarias, profesionales del agro y grandes visionarias. Para muchos hay sectores como el café, uva, frutas, algodón, la palma de aceite y otros en donde las delicadas manos de las mujeres actúan con natural precisión para lograr mejores procesos y obviamente excelsos productos.

Hubo casos en tiempos de la colonia y la independencia que dejaron a las mujeres agricultoras como grandes aportantes, no solo como socias ejemplares del campo, un paradigma el de la campesina Casilda Zafra quien le regaló al libertador Simón Bolívar a “Palomo”, el caballo blanco de gran tamaño que participó y acompañó al general en buena parte de la campaña emancipadora. Esta mujer rural que nació en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, tenía destinado el potro para el militar que lo recibió justo cuando pasó el desafiante Paramo de Pisba, una travesía que arrancó en los llanos de Venezuela.

Un tema que llama la atención y que no deja de ser extraño en la historia es que doña Casilda era, aparte de profesora y empresaria, pues fue dueña de una posada, criadora de equinos y seguramente agricultora a pequeña escala de pan coger, adivinadora o pitonisa, tanto así que vio en sueños como de una de sus yeguas nacía un potrillo blanco de gran belleza que sería apartado para un famoso militar, el mismo que había ido en 1814 a esas tierras en una mula vieja, cansada, y generadora de pesar y consideración. El día del obsequio el General Bolívar recibió un potente, elegante y leal corcel, un animal enérgico y digno de un jinete empedernido, así como de un hombre de lucha, insistencia y resistencia.

 La santarroseña conocida en el municipio como la “agorera” hace parte de las tantas mujeres campesinas y con algún rol que se inmortalizaron por su generosidad con la libertad del país y con sus labores económicas.

Revisando los registros, ya por fuera del agro, nos encontramos con Paulina Beregoff Gillow, la primera mujer que fue a la universidad en Colombia, nació en Kiev, Ucrania, en 1902 la joven de origen ruso fue egresada de la Universidad de Cartagena en 1925, sin embargo, ya había pasado por la Universidad de Pensilvania en donde se destacó por sus estudios en bacteriología, parasitología y farmacia. Sobresalió igualmente en genética. Esta brillante mujer también la primera catedrática, detestaba que le dijeran extranjera pues independiente de haber nacido en Europa Oriental se consideró cartagenera y muy colombiana. La muy notoria Paulina Beregoff aparece en la Universidad de Cartagena como la primera mujer docente y primera egresada de la facultad de medicina en 1925.

Otra mujer que resplandeció fue Gerda Westendorp Restrepo, de ascendencia Alemana, para algunos también la primera mujer universitaria del país. El primero de febrero de 1935 entró a la facultad de medicina de la Universidad Nacional de Colombia, sin embargo, se especializó en filología e idiomas en la misma alma mater. Durante décadas dictó clases de alemán.

En la caficultura también es normal ver mujeres empresarias o grandes colaboradoras del núcleo familiar, muchas fueron las grandes matronas y socias de la Colonización Antioqueña, proceso económico y social que inició en 1780 cuando centenares de familias pobres de Antioquia migraron a las tierras llamadas vírgenes para poder fundar pueblos y ciudades, pero garantizando la tenencia de tierra para dar origen a nuevas fincas que permitieran mayor desarrollo y oportunidad, todo a través de un éxodo que redundó en una gran revolución agraria en las montañas de las cordilleras central y occidental.

Fueron tiempos complicados, era la lucha, literalmente a muerte entre la selva y el hombre que avanzaba y desmontaba bosque nativo a punta de machete y azadón para darles paso a los caballos, mulas, asnos y bueyes. Según los historiadores, los ancianos o enfermos tenían que recurrir al servicio de carguero o silletero, un hombre destinado a vivir poco que devengaba su sustento llevando a cuestas o en su lomo a personas de todo tipo y peso. Eran tiempos muy duros, había que pasar por ríos vertiginosos, cruzar cañones y barrancos retadores, todo sinónimo de pavor por lo que nació la tarabita que era una cuerda de gran calibre por donde desplazaban una silla o cajón de buen tamaño, un medio igualmente pavoroso de transporte para pasajeros y carga.

 

 

La época resultó trascendental para las mujeres que fueron determinantes en la formación de familias y credo, pero igual en la puesta en marcha de unidades productivas en donde el café pisó fuerte, también hubo ganadería y siembras básicas de huerta así cómo frutales, yuca y cría de cerdos y gallinas. Las mujeres paisas avanzaron en la creación de empresas y lograron en medio de las vicisitudes, un liderazgo importante en las labores agrícolas, en el proceso de beneficio y comercialización del café.

En la Colombia diversa de negros, blancos, indígenas, mulatos y sambos, las mujeres alzaron la mano en tiempos añejos, pusieron talento, trabajo, esfuerzo y compromiso en cada proceso y hoy en pleno siglo XXI repuntan en liderazgo, gobernanza como también en emprendimiento, igual en consolidación gerencial, empresarial y exploración de nuevas fórmulas eficaces para la sostenibilidad. Hoy el campo es protagonista, la ruralidad dice presente en momentos de apuro como pasó con la pandemia de Covid-19 y a las puertas de una guerra de mayor tamaño, los gobiernos ya miran posibilidades alimentarias, buscan incrementar la actividad agrícola y ganadera para tener comida y así alimentar a los pueblos que verán palos en la rueda en logística, productos sumamente caros y la imposibilidad de seguir con síntesis química, el agro en medio de todo tiene la opción de reinventarse, volver a los suelos vivos y apostar por siembras orgánicas que brinden salud, inocuidad y soberanía alimentaria.

En este momento del siglo XXI los campos tienen a la mujer aportando con dinamismo, oficio, conocimiento y experiencia, hay hatos, sembradíos, crías y acopios liderados por mujeres de todos los estratos en la vida campesina, pero también por nombres y apellidos de máxima respetabilidad, asimismo debido a herencias y apego atávico al campo, gente comprometida que partió y dejó un legado de vida en cada cultivo o en cada bovino, cesiones que hoy sigue en pleno vigor porque los hijos llenos de empuje mantienen viva la memoria de los grandes visionarios que anhelaron una agricultura pujante, empleadora, de avanzada, apalancada en genética, tecnología, innovación, crecimiento y sostenibilidad, seguramente no vieron el país rural en su apogeo, pero dejaron un aporte demasiado trascendental de cara al futuro, cuando el país se convenza que Colombia lleva el ADN en las plantaciones o ganaderías, muy por encima de las explotaciones mineras, petroleras o extractivas que tan solo ayudan a los capitalistas extranjeros, dejando muy poco para la nación que en un acto de desconsideración utiliza las divisas para importar alimentos, dejando de lado las inversiones urgentes que demanda el campesinado.

 

 

Antes de entrar en materia nos da gusto rememorar a don Eliseo Restrepo Londoño, un hombre del campo y para el campo, ganadero consumado, innovador y totalmente visionario, apasionado por la agricultura y la agroindustria de la palma, supo leer los momentos de Colombia en su sector agropecuario, anheló una patria sembrada y en cosecha razón por la que dedicó más de 40 años al sector primario y una vida a defender la economía rural.

Fue abogado de la Universidad de Antioquia, quiso siempre más en asuntos de conocimiento y partió a Estados Unidos a mejorar sus teorías en la universidad de Pennsylvania. Su compromiso y sabiduría lo llevaron a ser embajador de Colombia en Ecuador, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, presidente de Monómeros y de otras entidades de gran relieve.

El hombre con corazón agrícola y ganadero nació en Medellín, Antioquia, en junio de 1936, falleció un cuatro de octubre de 2015, luego de haber dedicado su existencia al servicio público y a las actividades agropecuarias, hombre visionario, noble, de enormes capacidades y dueño de una verticalidad rígida y totalmente inquebrantable, Eliseo Restrepo es de esos grandilocuentes seres humanos que parten, pero dejan su imagen viva por los aportes y donación de sabiduría a la empresa agraria, por su aporte al agronegocio, al mejoramiento y a un campo boyante, de total suministro y exportador. Sus hijos tomaron las banderas del siempre recordado ganadero y agricultor y todo parece indicar que la saga será larga y próspera.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, la empresaria, ganadera y agricultura Catalina María Restrepo Rada, una de las grandes empresarias del campo y digna heredera de valores y conocimiento, aseguró que en Colombia el principal factor para frenar la empresa agropecuaria es el miedo, todo por inseguridad y unas circunstancias que no ayudan porque van desde los robos, boleteos, amenazas, extorsiones y amedrantamiento hasta la irresolución jurídica, un tema que llega con el derrotero que ha de tomar la propiedad privada y la tenencia de tierras.

 

“La palma en Colombia tiene 600.000 hectáreas, pero ya me estoy cansando de ver la misma extensión con una probable disminución, luego es increíble que si el país tiene cuatro millones de hectáreas extremadamente aptas para el cultivo de la palma cosa que no pasa fácilmente en ninguna parte del mundo, un ejemplo Guatemala en donde son complicados los temas de tierra y mano de obra, como es posible que nuestro país con todas las oportunidades, en todo sentido, por buena agricultura, por haber hecho las cosas bien, por tradición, buenos suelos y por todo lo que se quiera, pero hay un factor que impide crecer y es el miedo por demás bien fundado, verbigracia la supervisora intimidada con un arma para que no hiciera su trabajo, algo lamentablemente real, asuntos del día a día, un tema de violencia que aterroriza y una inseguridad que golpea con mayor intensidad al pequeño productor, a ese que no se puede proteger, una variable a tener en cuenta, pero hay otros temas espinosos como inseguridad jurídica, la incertidumbre con las tierras y una serie de factores que hacen titubear a la hora de invertir”, declaró la señora Catalina Restrepo Rada.

 

Esta empresaria, que como su padre ama lo que hace, es una enamorada de la palma de aceite y de la ganadería en donde cría bovinos bajo el sistema silvopastoril. Anotó que hay muchas maneras apropiadas de criar ganado, dijo que hay inclusive un estudio del beneficio que implica contar con unas praderas renovadas en términos de generación de oxígeno y mejorar todo lo relacionado con la huella de carbono o el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero emanadas directa o indirectamente por personas, productos, explotaciones o territorios, algo que juega en favor de los productores que pueden tener un hato súper diferenciado, el gran problema es que en las actuales circunstancias de exposición e inseguridad nadie se atreve a hacer algo, muchos quieren, pero indudablemente, reconoció, es muy difícil hacer empresa del agro en Colombia.

Dijo que no quiere ser negativa, y caso opuesto entrar por la senda del optimismo, solo que no puede obviar la realidad del país y el alto nivel de inseguridad que le pone palos en la rueda a la actividad agrícola y pecuaria.

Esta luchadora y valiente dama del campo, hija de don Eliseo Restrepo, egregio agricultor, ganadero y dirigente, persona sin tacha y de mente abierta e inquieta de donde salieron muchas soluciones para una ruralidad con grandes desafíos.

 

 

De los cuatro hijos que formó don Eliseo, tres siguen vinculados con la agricultura, es decir que el legado y el ejemplo de lucha sigue vigente y a disponibilidad del país y el mundo. Según su hija, Eliseo Restrepo sembró de todo lo que hay en el planeta, empezó con banano, siguió con arroz, sorgo y soya, pero generalmente cada cuatro años se quebraba.

 

“En esos tiempos nos decía, niñitos la clase de tenis tal vez no vaya más, les daré educación y todo lo que quieran, pero los tiempos son difíciles. Lo cierto es que volvía y arrancaba porque era un enamorado del agro y nada lo frenaba, absolutamente nada, además sabía leer a la perfección las variables macro de un país y por eso en algún momento llegó al ganado Nelore diciendo con asombro que cómo era posible que en Brasil hubiese un hato de más de 300 millones de cabezas vacunas y que en Colombia el productor siguiera pegado a una sola raza sin mejoramiento genético, toda una lógica”, expresó Catalina María Restrepo Rada.

 

Para la empresaria en su mente sigue constante el ejemplo que su padre les dejó de lucha, resiliencia, amor por el campo y la lección de tomar lecciones difíciles, ser capaces de innovar, siendo muy pionero en muchas cosas y sorteando con acierto cada crisis.

Dentro de los legados del señor Eliseo Restrepo, está el entrar a las fincas de manera permanente, fue un hombre de botas puestas a diario para trabajar incansablemente.

 

Nelore, ganado adaptable y rentable ahora cruzado con Wagyu

 

 

Frente al ganado Nelore, Catalina María Restrepo Rada, expuso que se trata de un bovino versátil y totalmente resistente, una apuesta ideal para estos tiempos de cambio climático. Cuenta además como lo dejó escrito su padre, un animal de alta capacidad reproductiva, talla media y manejable, mansedumbre y facilidad de manejo, entre tantas características.

Por asuntos del trabajo, Restrepo Rada estuvo en Centroamérica y el presidente de la Junta de la Gremial de Palmicultores de Guatemala, Grepalma, José Santiago Molina, le habló del Nelore y la llevó a su finca en donde conoció estos espectaculares animales de muy buena resistencia algo que la ganadera no lo veía tanto por el lado de los machos pues no estaba esa posibilidad dentro de su espectro, pero por ser una mujer juiciosa y tener dos ganaderías, una de ella en particular, BPA Ocuzca, una ganadería sostenible dedicada a producir carne de comprobada calidad.

El nombre de la hacienda es un tributo de sus dueños a un cacique pijao, la finca queda ubicada en Coello, Tolima, tiene vecindad con la Vega de los Padres, un lugar estratégico y de gran importancia en la navegación del río Magdalena. La serie de construcciones y desarrollos de la comunidad Jesuita en 1.600 fueron claves en el bautizo del paraje.

Dentro de las estrictas estadísticas de la hacienda hay un novillo de 17 meses con 480 kilos un pesaje hecho hace unos días, números y cifras que supo comprender Eliseo Restrepo sin tenerlas y cuando se ven tabuladas y ordenadas es fácil determinar que hay un potencial muy grande que facilita renovar y garantizar sostenibilidad por la rapidez de sus ciclos lo que hace al Nelore una raza muy bondadosa.

Cabe decir que el Nelore es un ganado de tremendas propiedades, el asunto es que la finca del Tolima de la invitada para este especial, fue reconocida por tener ganado Brahman puro, hacienda que optó por inseminar con Nelore ciclo corto y hay ganados F1 que son primos y es impresionante el resultado de ese cruce pues todo salió mucho mejor de lo esperado porque de todas maneras se mezcló puro con puro. Actualmente las metas son mucho mayores y se está cruzando Wagyu negro con Nelore, pero hay un contacto en Texas de uno rojo que están utilizando en Brasil y la idea es jugarles a los dos.

 

“Esta es una idea reciente, pero yo creo que ahí es en dónde está la ciencia de todo, se empieza a experimentar y lo cierto es que los F1 son una cosa muy tremenda, ya con eso se mide el marmoleo, los rendimientos, la terneza con infrarrojo, la verdad estamos en un mundo muy divertido. Lo cierto es que Colombia empezará a sacar un maravilloso F1 Wagyu por Nelore”, reveló la muy amable ganadera y agricultura.

 

 

En este momento, orientó, quienes comercializan Wagyu están muy interesados en el Nelore porque saben de todas sus propiedades en sabor, terneza, marmoleo y otras propiedades del espectacular ganado.

Colombia perdió tiempo en la mejora de sus ganados y en la renovación del hato ya que por un lado se apeló por años a los ganados vetustos a los que no se les supo sacar provecho y por otro lado apareció la moda de la ganadería que permitió la llegada de bovinos nada apropiados para crecer en el trópico. Esa situación, manifestó Carolina María Restrepo, la vivieron todos los sectores agropecuarios en Colombia, se perdió tiempo, plata y evolución, todo por culpa de una política económica equivocada que dijo la agricultura colombiana no es competitiva, hay que meterle otras industrias como parte de la consecuente transformación de un país hacia lo industrial y optimización de los servicios, pero Colombia, subrayó, no se podía dar el lujo de perder su tradición agrícola.

La agricultora quien fuera presidente de la Junta Directiva de Fedepalma, hoy vinculada al centro de Investigación de la Palma, Cenipalma, entidad en donde también hizo parte de la Junta Directiva, anotó que cuando va a Brasil y nota todo lo que ha pasado en materia de investigación en ese país, es para quedar perplejos porque los brasileros tomaron el conocimiento colombiano hace 40 años, se alimentaron del conocimiento nacional, pero Colombia le puso freno a todo hace cuatro décadas que finalmente resultaron muy costosas en materia de productividad y del progreso que el sector palmero le puede dar a una nación.

El modelo económico se parrandeó la agricultura porque Colombia se dedicó a importar alimentos y pasó de una economía agraria a una extractiva en donde los recursos del petróleo, el carbón, oro y otros recursos, se esfumaron sin atender las necesidades agropecuarias, vitales para la seguridad alimentaria, es decir que no solamente faltó visión, sino que se tomaron decisiones a toda prisa sin analizar los impactos económicos, alimentarios y sociales, las políticas del momento, desconectaron la agricultura con la realidad productiva.

 

“Lo mágico son las redes sociales, por ejemplo, Instagram, y corrientemente unos medios digitales que, si bien desinforman, también son esenciales y útiles cuando se les saca provecho. Que una hacienda como San José llegue y tan rápido adopte en Colombia un modelo del Brasil pues a pesar de haber dilapidado esos 40 años, sí tenemos el conocimiento a la mano. Soy una convencida que la agricultura es al sol y al agua, mi papá nos lo decía, no sean agricultores porque esto es con sol y agua, pero hoy en día todos esos riesgos se pueden mitigar con riego, tecnología, maquinaria, pero ese avance demanda capital, entonces lo que me preocupa es que hacer una agricultura productiva necesita mucho capital, luego ese es el modelo que no sé cómo compaginar”, puntualizó la distinguida empresaria.

 

 

Dentro de los retos, que son varios, cambio climático, inseguridad, infraestructura, bienes públicos, maquinaria, tecnología, suelos vivos, mayor competitividad así como productividad, los agricultores piden pensar en grande, desarrollar asociatividad y dejar de lado el pensamiento limitante, un momento en el que se necesita evocar mucho de Eliseo Restrepo a quien nunca le gustó la apertura económica en el agro porque al productor primario hay que protegerlo y no ponerlo a correr pues so tiene sus aristas puesto que había que volver al país competitivo y avanzar en otros aspectos, lo cierto, aseveró Catalina María Restrepo Rada, Colombia tiene una deuda con su sector agropecuario lo cual obliga a que los actores, incluyendo el Estado, coadyuven a desatrasar esa trance con total convicción.

A juicio de la empresaria, Colombia debe aprender a dominar los miedos porque no ayudan a la mente ya que hay que pensar que el agricultor siembra para la eternidad al tratarse de una actividad de largo plazo. Expuso que Colombia no está dentro de las grandes ligas del petróleo y si por el contario tiene ADN y vena agrícola, la que se debe retomar, actualizar y potenciar pues hay espacio y de sobra.

Un tema a doblegar es el cortoplacismo y Catalina que es una mujer que tiene inversiones en ganado Nelore de ciclo corto, palma, flores y cacao sabe que la agricultura pide paciencia, ojo avizor, cuidado y mucha inyección de capital. Si bien hay opciones muy interesantes y perentorias en los sembradíos de ciclo corto que contribuyen enormemente con el suministro de alimentos, empero la agricultora estimó que si bien hay necesidad de mayor conocimiento, trazar una estrategia para no improvisar y a la necesidad de mayores recursos, lo cierto es que más allá de las iniciativas y tareas es imposible mover la economía como algunos sugieren, desde el agro se puede seguir, es imposible parar, pero no sería acertado decir en que habrá crecimiento y todo por culpa del miedo.

El TLC quizás no sea una excusa para explicar el frenazo de la economía en vista que la empresaria Catalina María Restrepo Rada, tiene empleados en su hacienda del Tolima que tienen 10 y 20 hectáreas las cuales no siembran, según ellos, por el calentamiento global, pero no, después de años se deduce por simple lógica que fue la apertura económica la que le puso punto final a la labor agropecuaria habida cuenta que en esas tierras se sembró algodón, arroz, maíz, ajonjolí, pero llegó la desgravación arancelaria de 1991 y chaito pues.

 

 

Esa política neoliberal arrasó con los cultivos, otrora rentables y voluminosos, pero la gente actualmente cree que el calentamiento global acabó con su actividad económica en los campos, no hay una causa y un efecto y hoy el país que siembra necesita créditos blandos, poner a marchar el Incentivo a la Capitalización Rural, ICR, para optimizar la productividad bajando costos de obtención.

El agro, insistió Catalina María Restrepo Rada, urge de créditos diferenciados, seguros agrícolas en donde el gobierno se ha movido mostrando que existen las herramientas lo cual hace pensar que con política, recursos y convicción se acaban los miedos y el pensamiento cortoplacista en el sentido de querer ganar mucho antes de los tiempos de la agricultura.

Un buen ejemplo es el de la avicultura que ante los apuros con la alimentación generaron agricultura con siembras de maíz, sorgo y soya, algo increíble sobre todo cuando se demostró que Colombia podía fácilmente producir 10 toneladas por hectárea de maíz, pero con la opción de subir a 30 toneladas.

En ese orden de ideas, con mejoras en calidad y productividad, sumando posición geográfica, Colombia tiene todo para exportar y generar riqueza, lo cierto es la carne goza de excelentes atributos como también otros bienes que siguen llegando a los puertos del mundo. El país, acentuó la empresaria, tiene el lugar de privilegio en el mapa mundial, los mercados están, por la palma el mercado de Estados Unidos está muy bien y la carne sigue ganando espacio, eso sí, con la necesidad de propender por unos equilibrios para que la proteína animal prime en el mercado interno para su debido abastecimiento.

 

 

En agricultura por fortuna todos caben y el pan-coger es una alternativa de renta que se ve muy bien en personas empresarias, que saben, invierten y quieren dedicarse al campo de manera correcta. Lo grato de la ganadería es que se volvió agrícola porque los ganaderos entraron por la senda de pastos mejorados, rotación de praderas, silvicultura y agricultura regenerativa que conlleva a hacer trabajos en favor del medio ambiente y la sustentabilidad.

La agricultura, en opinión de la experta, no genera ninguna preferencia porque toda es bella y agradecida, para Restrepo Rada el ser humano tiene una razón antropológica de por qué le gusta tanto la ganadería y la agricultura, eso porque una vez que se hace, que se siembra un árbol, se cría un animal o se pone semilla en la tierra, esa actividad se vuelve adictivo.

Un hecho cierto es que el secreto de la rentabilidad en el campo está en la agroindustria porque si el productor no apuesta por valor agregado, sencillamente no ganará, si se queda en los commodities seguramente irá camino a la banca rota, el tema reiteró Restrepo Rada está en transformar y añadir valor, solo así habrá ingreso y ganancias.

Un cultivo complicado, explicó la empresaria del agro, es el cacao porque después de esperar cinco años, quien lo siembra debe aguantarse la Monilia, la Phyitophthora y otras enfermedades de la planta, al sacar el producto a quien lo siembra le dan cinco pesos, el que lo transforma se gana 50 y quien lo vende 150 pesos, un asunto desproporcionado. En carne, comentó, su empresa ha querido incursionar en el mercado local, pero el asunto no es fácil porque al industrializar el producto se reporta muy alto desperdicio y como si fuera poco no hay una cultura de corte.

 

“Yo creo que el negocio se está desarrollando, y sería bueno pagar premium por calidad, rendimiento y otras bondades. El Nelore que nosotros tenemos está teniendo un rendimiento en canal que no lo están midiendo, y mientras el promedio en Colombia es el 53 por ciento, en nuestro hato el indicador es del 62 por ciento, luego cualquier persona que compra debería pagar un 15 por ciento más mínimo solamente por el rendimiento, sin embargo, esa cultura no existe, de todas maneras, repito, está empezando a desplegarse, ya hay gente que está reconociendo mejor precio, un ejemplo el carnicero que está remunerando un diez por ciento más, afirmó Catalina María Restrepo Rada.

 

En aceite, apunto, es muy complejo medir la calidad, algo que no pasa con la leche porque esa medición se hace en un segundo, teniendo en cuenta la procedencia, los sólidos y el tipo de trópico, en aceite, repitió la conocedora, el asunto es más difícil porque exige una evaluación inmediata, pero se ha trabajado y avanzado al respecto.

Un tema que abordó Restrepo Rada con la Sociedad de Agricultores de Colombia es el por qué a Colombia le cuesta tanto asociarse y su presidente Jorge Enrique Bedoya aseguró que es un tema cultural lo que para la empresaria es imposible ya que hay retos en todos los frentes agrícolas y en programas como agricultura familiar y otros que muy seguramente podrán ser muy exitosos, luego hay mucho trabajo por hacer y hay sin duda mucho que aprender del tema asociativo.

Colombia seguramente ha cometido errores históricos, creyó ser petrolero con lo que sigue dando por recobro mejorado el inagotable pozo petrolero la Cira-Infantas con más de 100 años de extracción y haber matriculado la agricultura nacional en las grandes ligas del comercio, dándole una estocada injusta a la producción primaria.

Ese, es el tema, anotó la versada en el tema agrícola, el error fue ese matricular la agricultura en grandes ligas sin haber hecho el curso para llegar a ellas, muy seguramente eso mismo contestaría Eliseo Restrepo, porque no fue adecuada la forma puesto que puso a correr a la gente cuando apenas estaba aprendiendo, eso sin hablar de la falta de claridad y coherencia del gobierno de la época que omitió su desidia en los campos porque lanzó a los leones del circo agricultores sin vías terciarias, con cero bienes públicos y sin socializar con tiempo prudencial el alcance de abrir el mercado.

 

“Mirar para atrás es duro, pero en medio de tantas cosas soy optimista por el futuro siempre y cuando aprendamos de los golpes recibidos, de manera obligada con mayor seguridad pues en Colombia no se crece en los campos productivos por pura incertidumbre y miedo, no hay duda sobre eso. Hay mensajes del gobierno para tranquilizar la ruralidad, pero viviendo el día a día del campo, cuesta creer que todo pasará en el corto plazo, amén de todo somos capaces, amamos lo que hacemos y seguiremos adelante, el campo no es para nosotros una intensión, es un sólido propósito, concluyó la empresaria Catalina María Restrepo Rada.

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