La naranja en Colombia tiene una historia interesante que al parecer inicia en 1518, empero a nivel regional llegó primero a México y a Florida. igual en tiempos de la conquista. En cítricos puede decirse que desembarcaron con Cristóbal Colón en 1493 pues el almirante sembró limones y limas en La Española, hoy República Dominicana, con unas semillas adquiridas en la isla Canaria de la Gomera.
Según algunos historiadores, la naranja y la gran mayoría de los cítricos fueron un aporte de las colonias europeas al nuevo Mundo, pero al ver la génesis de las frutas agridulces, estás tienen como origen las zonas tropicales de Asia. Algunos más inquietos aseguran que los naranjales eran utilizados en la dieta china tiempo atrás del año 2000 antes de Cristo.
Entre 1517 y 1519 se realizaron las primeras campañas españolas con fines de invasión al nuevo mundo y precisamente en ese momento los acorazados conquistadores llevaron las semillas que fueron plantadas y cuidadas por los aztecas que cumplieron con diseminar su cultivo por todo el territorio. A Florida, dicen los cronistas, la naranja llegó en 1513 aproximadamente, región en donde también tuvo una rápida expansión, a tal punto que en 1764 hubo cultivos silvestres por extensas zonas mostrando que los suelos de América eran muy propicios para esta siembra. La comunidad franciscana lleva los árboles a California en el siglo XVIII después de 1750 sin saber que esos predios albergarían con los años una especie de enorme calidad cítrica.
Un hombre que tiene su nombre escrito con letras anaranjadas es el navegante portugués Vasco da Gama, quien en uno de sus viajes encontró la naranja dulce en la India y la llevó a su país en donde sembró el primer retoño en Lisboa con excelentes resultados. De todas maneras, la naranja y los cítricos han marcado la vida de la humanidad y han significado mucho en la alimentación, pero igual en los gustos al paladar, en la gastronomía sin dejar atrás las propiedades cosméticas y curativas.
Hay que precisar que los cítricos amargos fueron llevados a Europa en el siglo X por los árabes, pero en el siglo XV el sabor dulce y exquisito de la fruta lo llevó como gran novedad el citado celebre explorador Vasco da Gama, el gran descubridor de la ruta marítima a la India. En ese mismo tiempo siguió llegando naranja dulce en barcos portugueses, pero con origen chino.
Antes de entrar en la actualidad de esa siembra en Colombia es bueno anotar que la naranja es un potente antioxidante gracias a las cantidades que la fruta tiene en vitamina C, por tal razón resulta ideal para el sistema inmunológico y para la salud como tal. Este alimento es rico en calcio, magnesio, betacaroteno, ácido fólico, fósforo y potasio. También han descubierto grandes propiedades en este fruto por los componentes de cobre, zinc, ácidos málico, oxálico, tartárico y como ya se dijo, cítrico.
La naranja igual es recomendada por los médicos para los cuidados de la piel pues dicen que consumir jugo, comerla y ponerla en el rostro, retrasa la aparición de arrugas, como quien dice, esta fruta es mucho más que útil y versátil. Quizás por ello su apogeo y sus cuidados, aunque en Colombia la realidad, al parecer es otra, advirtiendo que las cosas son susceptibles de cambiar para bien.
Colombia siembra cítricos en 97.300 hectáreas aproximadamente básicamente con naranja, limón, mandarina, toronja, tangelo, pomelo y lima con lo cual logra una producción promedio de 1.2 millones de toneladas anuales. Los departamentos con mayor dinámica en esta actividad agrícola son Meta, Valle del Cauca, Quindío, Caldas, Risaralda, Antioquia y Magdalena, aunque es bueno aclarar que este cítrico está prácticamente en toda la geografía nacional, muy importante para zonas en donde la comercialización del producto se hace a menor escala y en tiempos de cosecha, un comercio muy paralelo al turismo por carretera.
Una población emblemática por la naranja es Pacho en Cundinamarca, allí no solamente las naranjas son particularmente dulces y jugosas, sino que fueron entrando en la entraña “pachuna” hasta hacerlas parte del gran componente cultural de la región. En ese municipio de gran riqueza agropecuaria es fácil encontrar postres a base de naranja, espectaculares jugos, aperitivos y como entorno local, en agradecimiento al noble fruto, parques, esculturas, monumentos, festividades y reinados. Puede decirse sin temor a ponderar que Pacho es un edén colmado de naranjales, caña panelera, otras tantas frutas, alimentos, ganadería y café.
La “Tierra de la Naranja” fue fundada el 25 de agosto de 1604 y entre cultivos de naranja fue afianzándose como la perla de la provincia de Rionegro ya que se conoce como la cuna siderúrgica de Colombia por sus explotaciones de hierro en 1814 en tiempos de la ferrería Corradine, pionera en América Latina. La historia no solamente quedó en naranjas y acero, sino que erigió la polvorería Barragán en 1875, consolidó industria y comercio sin dejar de lado que sufrió con procesos bélicos como la Guerra de los Mil Días toda vez que su aporte en este conflicto fue determinante.
A Pacho, su historia y sus naranjas la salvaguardan los enormes y nativos pinos Romerones que con sus 25 metros de altura cuidan al municipio desde riberas y zonas preservadas dándole al paisaje de la región un encanto mágico que lo hace único y bastante especial.

En charla con Diariolaeconomia.com, la presidente de la Asociación de Cítricos del Rionegro, CitriRionegro, Sandra Marcela Díaz Pérez, anotó que infortunadamente el sector naranjero en la región está en el olvido y todo porque los agricultores se quedaron con unos cultivos vetustos en vista que hay árboles en producción con más de diez, quince y veinte años que demandan renovación y tecnificación.
El tema estuvo por mucho tiempo en el cuarto se San Alejo, pero gracias a la iniciativa de unos productores, el cultivo empezó a reactivarse en la región de manera paulatina en vista que son muchas las cosas que están pendientes para los cítricos y el grueso de la agricultura.
“Estamos retomando el tema, volvimos a sembrar y a buscar un incentivo por lo menos viendo árboles nuevos y prospectivos. Ojalá la industria de jugos y bebidas vuelva sus ojos al campo, mire a Pacho como también a quienes hacen una apuesta agrícola porque muchas familias dependen de la agricultura y si hay absorción de cosechas a un precio justo, el país es capaz de producir y abastecer mercados y transformadores. Un hecho cierto es que tenemos la capacidad productiva y las tierras para hacerlo, pero es urgente contar con el apoyo del gobierno, del mercado local y de los empresarios ya que, si podemos vender, aumentamos siembras y con ello generamos, si queremos, oferta exportable”, declaró la señora Sandra Marcela Díaz Pérez.
Hoy resulta problemático hacer siembra de fruta y puntualmente de naranja porque los costos de producción suelen ser para el capítulo Colombia muy altos y a todo lo que tiene que ver con insumos hay que añadirle el valor de la mano de obra. El cultivo señaló la presidente de CitriRionegro, es viable con un esquema coherente de comercialización, recuperando el factor rentabilidad, repensando el tema de materias primas para el campo y haciendo de la agricultura una empresa con valores agregados y saldos favorables.
En opinión de la asociada, si el productor de fruta ve una política para el campo seria, trazada para crecer y hacer sustitución de importaciones, muy seguramente quien tiene tierra le correrá a cualquier iniciativa apalancada por el ejecutivo. Precisó que al campesino le sobran ganas de trabajar más cuando ve que en su labor hay rendimientos y calidad de vida.
Para la dirigente, Colombia tiene todo un reto en el tema de los cítricos por diversas razones y una de ellas es el capítulo fitosanitario habida cuenta que hay amenazas como la mosca del Mediterráneo que ataca más de 250 especies frutales entre ellas naranjas, mandarinas, limones, limas y toda la familia de frutos agrios. En ese sentido hay una labor juiciosa por hacer de manera permanente con el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, y con otras entidades estatales como Agrosavia para prevenir plagas, contrarrestarlas y mejorar calidades.
Indicó que hoy el agricultor tiene que hablar de productividad y competitividad, pero también de bienes públicos, infraestructura, vías terciarias, buenas prácticas agrícolas, comercialización y mercadeo.
Díaz Pérez afirmó que la asociación CitriRionegro fue creada justamente para profesionalizar la comercialización, optimizar ingresos y hacer todo lo posible por implementar metodología en la ruralidad lo cual conlleva a certificar fincas, predios y explotaciones en buenas prácticas agrícolas como también optimizando todo lo atinente a la norma porque con las siembras hechas de limón Tahití, lo ideal es tener todo en regla para incursionar en exportaciones, una actividad que conlleva a mayores exigencias.
Infortunadamente la región de Pacho es una muestra de lo que pasa con la agricultura cuando ésta no es atendida debidamente por cuanto en cítricos y más exactamente en naranja, llegó un envejecimiento notorio de los árboles, desmejoró la calidad y la productividad y para colmo de males muchos querían la fruta regalada. Hubo temporadas no muy lejanas en las que por un bulto de naranja ofrecían entre 5.000 y 7.000 pesos, un precio irrisorio, por fuera de la consecuencia y totalmente ajeno a la realidad del campo en donde todo cuesta menos lo que el agricultor produce.
“Las hectáreas cultivadas bajaron en el municipio, los que siguieron no renovaron y el negocio fue tornándose insostenible porque el precio al productor terminó siendo un castigo para quien hace muy bien su tarea. En cítricos hay que incentivar al labriego, pero existen falencias económicas por subsanar, necesitamos compradores conscientes y una opción de hacer agroindustria porque los naranjeros podrían inclusive vender jugo natural, pulpa y muchos subproductos de naranja. Con apoyo y decisión todo es posible”, comentó la presidente de CitriRionegro.
En este momento la carga de naranja que consiste en dos bultos de 50 kilos la pagan a razón de 20.000, 25.000 y hasta 30.000 pesos cuando el precio se supone bueno. Un trabajador puede costar 35.000 o 40.000 pesos por día para que baje del árbol menos de diez bultos y si a todo lo anterior se le agrega transporte, impuestos y gastos de la finca, el precio no remunera el esfuerzo.
El asunto es tan dramático que muchas veces resulta mejor dejar la naranja en los naranjales porque no vale la pena recogerla puesto que cuesta más recolectarla ya que hay costos de producción muy grandes entre ellos los de jornaleros y colaboradores del predio. En medio del conflicto económico, aseveró, la presidente de la asociación, hay impulso y ganas de seguir adelante, un factor que la vida compensa porque hace menos de un mes fueron comercializados 420 bultos de naranja en una operación hecha con la Gobernación de Cundinamarca que llevó fruta para los mercados donados o vendidos a precios muy bajos.
Con ese negocio fue posible extraer fruta de las fincas y venderla a un precio digno, ejercicio que se puede seguir haciendo con la Alcaldía de Bogotá y las alcaldías de Cundinamarca, con el Gobierno Nacional y con el sector privado.
“Nos fue bien porque recogimos las naranjas, las empacamos y la gobernación puso el transporte, dejándonos mejor utilidad a los productores. Eso fue una clara muestra que sí podemos cuando hacemos todo en cadena y priorizando la agricultura colombiana, llamada a mejorar y a crecer porque vienen momentos supremamente difíciles pos-pandemia. Algunos hablan de hambruna y los más conocedores de autoabastecimiento, seguridad alimentaria como también de reactivación agraria”, apuntó Sandra Marcela Díaz.
Pacho, a una hora o quizás hora y media de Bogotá, es una población de clima templado, muy aconsejable para descansar y propender por buena salud. Este municipio está dotado de climas fríos en las montañas que se izan a lo largo de la cordillera oriental, pero igual de mayor temperatura en las zonas bajas en donde unos valles prósperos ofrecen alimentos y proteína, haciendo que su agricultura sea variada y muy rica, entre otras cosas porque tiene muy buenas fuentes acuíferas.

Según reveló CitriRionegro, en la provincia hay grandes extensiones de tierra que no están siendo aprovechadas justamente por el pésimo negocio en el que fueron convirtiendo al campo, un sector que inclusive en los planes de desarrollo o en los presupuestos de la nación es mirado con menosprecio, una teoría que sustentan los raquíticos giros para el desarrollo rural.
La zona de Rionegro urge de una mirada estatal porque es parte de la gran solución de abastecimiento pues no en vano produce yuca, papa, leche, carne, plátano y muchas frutas, pero en general gran variedad en alimentos de tierras altas y frías como de climas templados lo cual incluye cítricos y café.
Destacó que por la cercanía con Bogotá el costo de los fletes es mucho más bajo y los alimentos llegan a la capital del país en condiciones de frescura y calidad final al consumidor.
Un asunto que tiene claro la presidente de CitriRionegro es que con los cambios geopolíticos, económicos y sociales a los que está llevando el Covid-19, vienen necesariamente exigencias en la parte rural, es decir más producción, mejores rendimientos y una garantía total en abastecimiento para el mercado interno. En ese orden de ideas la mentalidad campesina tiene que cambiar y ello implica más inversión, toda la innovación, tecnificación y respaldo para recuperar un agro totalmente en el olvido, envejecido, con fincas desoladas y habitadas por personas de la tercera edad que ya cumplieron hasta más no poder con su ciclo productivo. En momentos en los que Colombia necesita urgidamente su ruralidad, puntualizó Díaz Pérez, es cuando más hay que incentivar a los jóvenes para que retornen al trabajo agrícola, un logro que solo será cristalizado ofreciendo condiciones, rentabilidad, respaldo y compromiso, de lo contrario no hay nada que hacer y el país estaría dependiendo de otras fuentes para su alimentación, que si eventualmente fallan exponen a toda una nación a pasar hambre.
“Hay que sacar la gente provinciana de las ciudades que hoy están buscando un puesto con bajo sueldo y en precarias condiciones. Tenemos que convencerlos que sus tierras son la empresa, que su trabajo les da lo que quieran, pero que deben volver al terruño y apropiarse de la tierra ancestral para hacerla productiva y muy favorable porque el futuro está en el campo, no en otro sector, nadie puede vivir sin alimentos”, dijo la presidente de CitriRionegro.
La dirigente tiene claro que las fincas no hay que mirarlas como una zona de descanso sino como una empresa que inclusive con la tendencia que impuso la globalización puede ser un negocio doble porque una buena finca puede atraer turismo e ingresos tal y como sucede con el café, un producto que enamora a propios y extranjeros.
La finca de Sandra Marcela cuenta con 250 árboles distribuidos entre naranja, mandarina y limón, sin embargo, la idea de esta productora es crecer en la medida en que se vaya mejorando el escenario comercial y con su apuesta que es totalmente orgánica. Eso quiere decir que sus cultivos son altamente confiables y despachados con sello de inocuidad porque la agricultura que practica no usa tóxicos, no envenena abejas, colibríes o cualquier agente natural vital en la polinización y por ende en la vida.
Esta mujer tiene claro su compromiso con el planeta y por ello ha llevado el mensaje a los productores de naranja de la región para que logren explotaciones sanas y amigas ambientalmente con el fin de ofrecerles a los seres humanos la fruta que necesitan y que se merecen. Si bien el tema es nuevo, el chip está cambiando porque los asociados saben que la agricultura de valor es la que no maltrata el agua, la que conserva y la que respeta los límites naturales.
El tema es bien claro para Díaz Pérez, la agricultura no es solamente ampliar la frontera agrícola devastando selva y bosque tropical, no, para ella el verdadero cambio radica en eliminar químicos y productos altamente impactantes en la salud para tomar la senda de la siembra limpia, una disciplina que apenas empieza a implementarse y que será una práctica obligada para alimentar sin daños colaterales.
Allá en Pacho, Sandra Marcela cuida sus árboles de cítricos en compañía de su esposo, su hija y sus padres. Todos juntos ven caer la tarde con soles de tono naranja y rojizo con algo de ese frío llevable del final del día, tiempo tranquilo que entrega su turno a la noche afable y llena de tenues sonidos, muy del álbum musical de los campos oscuros, somnolientos y taciturnos.
¿Rentabilidad?, las naranjas

Mientras los arreboles se iban con cierta prisa hacia las partes más ignotas del universo, atendía el llamado el señor Tirso Gómez, una persona de la agricultura y del sector de cítricos muy preocupada por las cosechas de fruta pues no hay quien compre naranjas y mandarinas. Dijo que los precios están muy bajos lo cual no ayuda frente a la inversión hecha en los naranjales o palos de mandarina.
El problema del agro, recalcó el productor, tiene que ver con falta de respaldo desde el ministerio de Agricultura, la poca importancia que hay en el gobierno por la economía campesina y a ello va atado el lío de los costos de los insumos, la mano de obra, dificultades de comercialización y el costo del dinero pues calificó los préstamos para el agro como imposibles y de alto riesgo.
“La verdad, cuando uno necesita plata para los cultivos piensa en lo determinante que es el fomento y la ayuda estatal, pero a la hora de hacer el préstamo o de ver las condiciones, sinceramente me da miedo y opto por otra alternativa, el crédito bancario para el campesinado necesita otro tipo de trato porque el labriego produce alimentos, apalanca un riesgo y genera tranquilidad, la misma que no tiene cuando acude a una entidad financiera sea la que sea y la cosecha por alguna razón se pierde”, expresó Tirso Gómez.
A criterio de Gómez, como de cada tragedia quedan enseñanzas y ganancias, la del Coronavirus tiene que conducir a repensar el campo, a hacerlo posible y a promoverlo como empresa, una meta que solo es viable con el concurso del gobierno que debe trazar unas políticas de estado en favor del sector rural en donde se brinden las condiciones para la labranza y así cursar la invitación afortunada a los jóvenes que se fueron de sus tierras para que vuelvan y hagan lo que mejor saben, sembrar y darle sentido a sus vidas a través de la tierra.
Agregó que el campo es la salida, para enfrentar las hambrunas, las mismas que pueden evitarse con autoabastecimiento y haciendo de la agricultura la mejor fuente de riqueza. Sostuvo que poner semillas en la tierra, cuidar cultivos y cosechar alimentos debe ser una labor alegre y remunerativa, pero tristemente, escribió Gómez, implica sacrifico, angustia y pérdidas.
En cítricos hay que invertir mínimo 50 millones de dólares: Asohofrucol

El Gerente General de la Asociación Hortifruticola de Colombia, Asohofrucol, Álvaro Ernesto Palacio Peláez, dijo en este medio que, en frutas, el país tiene grandes oportunidades y precisó que por ejemplo en lima Tahití los productores acreditan estándares internacionales que hacen promisorio el mercado de este cítrico. Actualmente, apuntó, a Colombia le están comprando todo el limón porque hay un proceso orgánico bastante llamativo y unos precios excelentes lo cual optimiza el potencial de exportación.
Con respecto a naranjas dulces, Palacio Peláez expresó que hay enormes espacios solo si logra afianzarse una agroindustria completa motivo por el cual se hace perentorio tener una planta de transformación que pueda sacar cuatro subproductos de la fruta y que puntualmente son aceite, jugo, pectinas y la cáscara deshidratada para alimentar sanamente a los animales. El costo de una planta de este tipo informó Asohofrucol tiene un valor aproximado de 50 millones de dólares.
“Este macro-proyecto lo estamos tratando de gestionar con el gobierno, pero no ha habido el eco necesario, sin embargo, hay todo un espacio que ganar en cítricos, en naranja dulce transformada. No hay que obviar que la naranja y los cítricos son los únicos de la cadena agropecuaria que cotizan en la Bolsa de Nueva York en los mercados de futuro y ello por una demanda importante que seguirá creciendo”, explicó el Gerente General de Asohofrucol.
Un aspecto por considerar es que la población crece y la producción de cítricos disminuyó ostensiblemente lo cual es palpable con Brasil que perdió 250.000 hectáreas de cultivo, indistintamente que muestra recuperación, igual pasó con La Florida que ha perdido alrededor del 45 por ciento en la producción de naranja dulce lo que explica las exportaciones colombianas de naranja de buena calidad hacia ese estado para suplir sus necesidades.
De hacerse la agroindustria con tecnología de punta, subrayó el dirigente gremial, el futuro para la naranja colombiana y para el campo es más que prometedor porque el proyecto planteado involucra la cadena cítrica con el protagonismo de los productores y no de los terceros como pasa generalmente con el agro colombiano que produce para enriquecer a los que no participan en la compleja labor de sembrar y cosechar.
En el campo el negocio es para unos terceros que no arriesgan sus capitales a sol y agua como sí deben hacerlo los empresarios del agro. La planta propuesta le permitiría al país crecer por lo menos en 100.000 hectáreas solo en el corredor del Eje Cafetero sumado el norte del Valle y una parte del Cauca en dónde cultivan naranja dulce, pero en condiciones difíciles y con unos precios casi irrisorios porque los valores de hoy son los mismos de hace veinte años.
“No estamos forjando el ejercicio como lo deberíamos hacer, pero para esto es fundamental el apoyo del gobierno que lamentablemente es el respaldo que no hemos tenido”, expuso.
Frente a los problemas de Pacho en Cundinamarca con sus siembras de naranja Álvaro Palacio afirmó que tristemente el bajo nivel de precios no ha permitido sostener unos cultivos conocidos por la inversión que requieren y por la condición de tardío rendimiento pues luego de una siembra hay que esperar que pasen cuatro años para cosechar, vender y suplir los nuevos gastos. La falta de plata, la inexistente rentabilidad y el pesimismo fueron factores que impidieron renovar naranjales, no solamente en Pacho, sino en todo el país ya que hay en la geografía árboles o cultivos viejos y abandonados porque el negocio no dio para seguir.
Palacio lamentó el contexto de los cítricos porque afirmó que la naranja es una fruta altamente industrial un asunto que con agroindustria la pondría en todos los mercados del mundo con el debido valor añadido. Según un estudio adelantado por Asohofrucol, la tonelada de cáscara deshidratada de esta fruta estaba a 750 dólares, pero en Colombia la gente exprime la naranja y prácticamente bota el dinero de los subproductos sin contar con los otros dos beneficios que terminan en la basura, lo cual no tiene razón de ser porque hay todo un cúmulo de tecnología para aprovechar los naranjos al máximo con unos procesos que aumentan los rendimientos.
La inversión tiene que ser muy por lo alto para poder crecer porque inyecciones de dinero en empresas de 2.000 y 3.000 millones de pesos no son suficientes para competir en las grandes ligas puesto que finalmente el jugo extraído sale muy costoso porque al final del ejercicio industrial no sale sino un solo producto.
Insistió en generar procesos asociativos en torno a la naranja porque en Colombia, dijo, el problema es que los pequeños, medianos y grandes citricultores y la agricultura en general no quieren saber de asociatividad, de sinergias o trabajos conjuntos para avanzar con bases sólidas en productividad, competitividad, optimización industrial y sostenibilidad. En Colombia y en el agro cada uno va por su lado y eso pide a gritos una legislación seria que obligue a los productores a estructurar unas confiables cooperativas.
En las rutáceas hay futuro

Las rutáceas son plantas angiospermas que hacen parte del grupo de las Sapindales, una familia que agrupa aproximadamente 160 géneros y 1.600 especies, dentro de ellas los cítricos.
La naranja se pasea de la sala al comedor, no hay duda, pero históricamente ha viajado y de manera intensa para fortuna de quienes aman su sabor, su aroma y sus bondades. Actualmente los cítricos y la naranja como gran explotación, está fuertemente amenazada por una bacteria a la fecha sin cura muy conocida por la devastación que produce en los árboles.
Actúa de manera extraña al cerrar progresivamente los conductos que llevan nutrientes del suelo a la planta acabándola por completo. El HLB o enfermedad de Huanglongbing afecta duramente las plantas del genero citrus entre las que ingresan naranjas, mandarinas y limones.
Según los doctos en plantas, esta enfermedad apareció en China a finales del siglo XIX para luego migrar a Taiwán y Filipinas. En Brasil fue detectada en 2004 y arribó a Colombia en 2015. No es fácil lidiar con este mal pues el HLB tuvo una expansión rápida y por ello la patología fue detectada en República Dominicana en 2008, México, 2009, Belice, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
Colombia reaccionó a través del ICA y con Asohofrucol fue lanzada la campaña Citri Reto bajo el lema “Colombia tiene Asociación Hortifruticola sentido cítrico” la cual busca sensibilizar a los citricultores de los trece departamentos productores en el país, igual a las 130 organizaciones sobre la necesidad de aplicar estrategias de control y prevención para evitar un daño de lamentar en las 1.2 millones de toneladas de cítricos que produce el sector anualmente.
Los sectores a nivel nacional en donde más fuerte ha llegado el HLB son los departamentos de Atlántico, Magdalena, Cesar, Bolívar, Guajira y Norte de Santander. El problema, dijo Asohofrucol, sigue regándose por el país y por eso es urgente adelantar un control, un trabajo que la gente no quiere hacer porque el poco incentivo y los precios ínfimos no permiten ni la vigilancia sanitaria.
La clave según el gremio está en someter el vector que es un hemíptero conocido como psílido asiático de los cítricos o chicharrita de los cítricos uno de los principales portadores de la bacteria Candidatus liberibacter. Este insecto lo pudo controlar Brasil y los productores de naranja en Colombia también lo pueden hacer lo cual exige una agricultura tecnificada, innovada y de mayor cuidado.
“Productor que no sea juicioso está condenado a evaporarse, va a desaparecer tarde o temprano y eso pasó con el café en su momento porque los caficultores que no controlaron broca ni roya terminaron en banca rota y por fuera de la actividad, así de sencillo, y eso pasa en los cítricos”, sentenció Palacio Peláez.
El HLB, concluyó, es una enfermedad que abre amén de sus alcances una apreciable oportunidad porque quien la controle y logre producciones libres del mal garantizará más y nuevos mercados, eso sí única y exclusivamente con agroindustria.
El mundo crece en producción

En el periodo 2018-2019 la producción mundial de cítricos alcanzo los 101,5 millones de toneladas aproximadamente, con un crecimiento del nueve por ciento siendo la naranja la de mayor participación con un 53,4 por ciento aproximadamente, mandarinas 31,5 por ciento, y limones y limas el 8.3 por ciento. La producción de naranja estuvo por el orden de los 54,3 millones de toneladas dejando observar mayor dinámica en la producción, así como en el consumo.
Los principales productores de naranja en el mundo son Brasil, China, India, Unión Europea (España e Italia), Estados Unidos, India, México, Egipto, Indonesia, Irán, Turquía, Pakistán e Italia.
Esta es la admirable tarea de los productores de naranja del mundo y desde luego de los colombianos que han despertado para poner en oferta una fruta y unos cítricos de grandes propiedades, por los suelos con enorme calidad. Como lo dirían los dioses del olimpo en la mitología romana, sigue vigente el árbol de las manzanas de oro, en ese tiempo de cesares y circo, la fruta era el cidro.
La vida es como las naranjas, hay que sacarles el jugo a tiempo
Grato recorrido por un sector agrícola de mucho trabajo y tremenda dinámica comercial. Es sin duda la naranja una fruta de siempre y para siempre, ah, por favor disfrute el día y acuérdense de aquella frase del escritor mexicano Doménico Cieri Estrada, “La vida es como las naranjas, hay que sacarles el jugo a tiempo”.


