El arroz es uno de los cultivos con mayor antigüedad en el mundo, algunos investigadores creen que el cereal es una de las siembras pioneras de la agricultura en el Neolítico ya que podría tener más de 10.000 años, pero durante los siglos fue teniendo cambios y experimentó una expansión que vino en varios períodos.
En materia de arroz la exactitud es algo muy complejo porque los historiadores lo ubican de manera pretérita en China e India cuando las siembras tuvieron un inicio que data de entre 8.000 y 10.000 años en una zona altamente agrícola en el delta del río Yangtsé en predios chinos y de forma equivalente en el siempre importante valle del río Ganges en India.
Cuentan que por allá en el año 2800 antes de Cristo fue establecida una ceremonia que tuvo realización anual tras la orden del emperador chino Shen Nung que consideró trascendental honrar y rendirle homenaje al arroz, factor determinante, para entonces significativo y necesario en la alimentación.
Los africanos de manera autónoma acudieron a la variedad Oryza glaberrima que lograron domesticar con mucho éxito. Luego vino una interesante proliferación de siembras en Medio Oriente y Europa. Según quienes le han seguido la pista, en sus viajes y conquistas en tierras asiáticas, Alejandro Magno conoció el arroz, producto que lo cautivó en el año 320 a.C, cereal que tenía como finalidad curar malestares y líos de salud.
Ese crecimiento y auge no tuvieron reposo, con la expansión de la religión musulmana por parte de la comunidad, árabe el arroz viajó en las campañas dogmáticas y fue socializado en la parte norte de África, también en Sicilia y desde luego la Península Ibérica en donde la renombrada invasión de los moros que arrancó en el 711 d.C llevó arroz a España y Portugal. En el siglo IX los musulmanes detallaron factores de las plantaciones y afinaron los sistemas de riego.
La llegada a América está rodeada de versiones, una de ellas que Cristóbal Colón quiso sembrar arroz en 1493 en su segundo viaje, sin embargo, el plantío no arrojó nada positivo por inconvenientes y falta de conocimiento en el manejo del recurso hídrico. A juicio de los cronistas en América el apogeo arrocero obedeció al conocimiento que sobre el cultivo tenían los esclavos africanos que fueron arrancados de África Occidental para terminar en el Nuevo Mundo por un proceso de tráfico y venta infame de personas. Ese lamentable hecho hizo que los agricultores raptados llevarán a las américas los métodos para sembrar en zonas inundables y de pantano.
El arroz es un alimento básico y hace parte de una vetusta cultura
La historia no se puede obviar a la hora de hablar de agricultura y adoptar medidas para rescatar un sector activo desde tiempos precolombinos, la agricultura. Los exploradores del tiempo aseguran que en Colombia se siembra arroz desde 1580 cuando se reportaron cultivos en el Valle del Magdalena a la altura de Mariquita y luego en San Jerónimo, Antioquia, por allá en 1778 por iniciativa de la comunidad Jesuita, igual el cultivo fue llevado por ese mismo tiempo a Prado, Tolima.
El siglo XX consolidó cultivos y apego por el arroz en la dieta básica, el año 1908 es el referente para hablar del inicio de cultivos a gran escala con un escenario apenas consecuente, los Llanos Orientales. Después, en 1914, apareció en Bogotá el primer molino de arroz que tuvo una capacidad de 4.800 kilos por día.
Con el correr de los años el cultivo siguió creciendo vino la tecnificación y con ella unos repuntes en rendimientos que alcanzaron el 134 por ciento, ante ese panorama los inversionistas y visionarios de la ruralidad de volcaron al cultivo, fenómeno que llevó a un crecimiento en la producción local del 612 por ciento, una tesis adicional de la importancia y el espacio ganado del cereal, infaltable invitado a la mesa de los nacionales, un apogeo que se calcula se dio entre 1950 y 1978, impulso agrario conocido como la Revolución Verde.
Todo se hizo bien, la agricultura supo organizarse y un 28 de mayo de 1947 es fundada en Ibagué la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, gremio catapultado para la defensa de los productores, pero también para seguir incentivando la tecnificación en las plantaciones.
Colombia es un país de grandes contrastes y paradojas, pero en definitiva el arroz prendió motores después de un tiempo lóbrego para el campo puesto que en 1902 terminó la Guerra de los Mil Días, ocaso del siglo XIX y alborada del siglo XX que dejó marcadas cicatrices, este cereal logró retomar la economía rural, consolidarse y optimizar su estructura productiva con núcleos importantes en Villavicencio, capital del Meta, pero también en zonas estratégicas de Casanare y Arauca.
De una planta importada por los colonizadores españoles en el siglo XVI surgió una cultura en torno a los cultivos de arroz, cereal que entró por Cartagena y otros puntos del Caribe, la viajera herbácea subió a los valles interandinos por el río Magdalena, prosperó en el Tolima, Antioquia y luego en distintos puntos, una labor que empezó a expandirse en el siglo XX hasta quedarse en la mesa de los consumidores colombianos que aprendieron a prepararlo de múltiples maneras, pero igual a producir un grano de mayor calidad sometido a mejoramiento continuo para ampliar sembradío en las desafiantes tierras de trópico bajo.
En el país aproximadamente 400.000 familias devengan su sustento directa o indirectamente del cultivo del arroz ya que hay de por medio las siembras, pero también una cadena de producción que articula otros sectores económicos y el mismo comercio en las zonas de plantación.
Colombia tiene en promedio 13.000 o 16.000 productores directos que se encargan de sembrar en miles de hectáreas y predios destinados al cereal. Esta actividad le ofrece empleo a unos dos millones de colombianos que acceden a un ingreso no solo en el sector primario sino en la agroindustria encargada de procesar el grano y la misma comercialización.
No es nada ínfimo el sector arrocero, genera riqueza y hace aportes en desarrollo, inclusión y tejido social. El grano se siembra en unos 200 municipios repartidos en 23 departamentos en donde brillan con luz propia distritos de los Lanos Orientales como Casanare y Meta, asimismo, Tolima, Huila, Santander, Norte de Santander, la región Caribe con Atlántico, Cesar, Guajira y Magdalena como también Yondó en Antioquia.
Otros productores están en Caquetá, Cauca, Cundinamarca, Nariño y Valle del Cauca. Para el capítulo bajo Cauca son esenciales los productores de Antioquia, Bolívar, Chocó, Córdoba y Sucre.
En 2025 Colombia logró una cosecha de 3,23 millones de toneladas de arroz paddy verde alcanzadas en 563.000 hectáreas, un volumen que baja de manera importante al procesarse para ir a arroz blanco.
Para tener en cuenta está que Colombia maneja tres sistemas de siembra, en primer lugar, arroz de riego que compromete el 74 por ciento aproximadamente del área cultivada, sembradío matizado por su alta tecnificación en regiones trascendentales como Tolima, Huila y la llanura.
El 20 por ciento corresponde al arroz secano mecanizado que como en el llano depende básicamente de la intensa lluvia. Finalmente está el secano manual, un seis por ciento del total logrado y que se obtiene con sistemas tradicionales en parcelas pequeñas.
Colombia reporta un consumo per cápita de arroz de 46 kilogramos anuales aproximadamente, una cifra que puede crecer por la calidad alcanzada, gracias a tecnologías vitales como AMTEC, trabajo en investigación, valor agregado y unas variedades muy por encima de los granos importados, razón de peso para defender el producto colombiano del sector primario, el mismo que genera empleo y garantiza con esa bondad del ciclo corto, verdadera seguridad alimentaria.
Últimos indicadores no son esperanzadores
En las Asambleas realizadas en el departamento del Meta y que llevó a la institucionalidad arrocera a Granada en el próspero Ariari, Acacías y Villavicencio se evidenció que hay problemas y que el área cultivada empezó a caer, un asunto que genera preocupación porque en algún momento caerá la oferta y los molinos podrán verla muy difícil porque en tiempos de guerra es cuando deben tomarse las mejores decisiones. Una escalada bélica a nivel global rompe de inmediato la cadena de suministro y por ello algunos países ya están cubriéndose y hasta sembrando después de haber dependido de terceros para el abastecimiento. Nada claro hay, además una historia agrícola no se borra de la noche a la mañana simplemente porque a una persona no le guste el sector primario y esté convencida que la solución es importando, así fueron sacrificados muchos sectores agrícolas en Colombia y como en todo, lo más absurdo sería repetir la historia, que pasará factura y seguramente pondrá de rodillas a muchos y no serán los agricultores los llamados a la genuflexión, los expertos hablan de un terrible daño en cadena que arrasará inclusive a los promotores que sin saberlo están dispuestos a jugar la tétrica tabla Ouija.
Los números son desalentadores en área sembrada, por ejemplo, en 2024 el país sembró en 631.071 hectáreas, en 2025 hubo un bajonazo que llevó el indicador a 563.970 hectáreas y los arroceros calculan que para el cierre de 2026 las hectáreas sembradas serán 450.000. Así las cosas, los resultados igualmente se miden en productividad porque en arroz paddy verde Colombia pasó de 3´501.000 toneladas a 3´230.000 en 2025, para la actual vigencia la cosecha se estima en 2.6 millones de toneladas, que haciendo cuentas podrían representar 1.5 millones de toneladas de arroz blanco, un déficit de casi 600.000 toneladas partiendo de que el consumo interno de arroz llega a 2.1 millones de toneladas.
Al terminar el recorrido por la llanura fue muy gratificante ver arroceros y agricultores totalmente empoderados, llenos de resiliencia, orgullo, optimismo y retos, saben que hay desafíos, amenazas y culebras venenosas en el camino, pero aun así van para adelante, mostrando pasión por la tierra y compromiso con la seguridad alimentaria, son dueños de un negocio en el que se gana si hay disciplina y buenos precios. La historia arrocera con seguridad no desaparecerá, llegarán cambios, tendencias y hasta competencia porque ya todos saben que los cereales que venga del puerto de Barranquilla será grano importado y en Colombia sigue muy viva la consigna, “colombiano compra colombiano”, nada foráneo, sin certeza de su origen , trazabilidad, calidad y formas de producción, el consumidor no querrá correr riesgos y por unas cuantas monedas no pondrá en riesgo la salud y la tranquilidad de la familia, aparte de todo, el arroz de Colombia es muy bueno y Fedearroz logró calidades que dejan por fuera de competencia a muchos. Viene la prueba de fidelización y el apego por los productos sembrados y cosechados con tanto esfuerzo por los labriegos nacionales, esos que no se pueden ni se deben abandonar, alimentaron a Colombia y sería injusto llevarlos al cuarto de San Alejo.
En Colombia el arroz tiene voz
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de Fedearroz Rafael Hernández Lozano afirmó que las caras felices, las sonrisas y la camaradería en las Asambleas arroceras dejan ver el común denominador de la federación a través de los años porque como se ha dicho recurrentemente el arroz cuenta con un gremio unido que quiere su institución, a su representatividad gremial y a lo conseguido durante décadas, y la manera de expresarlo, apuntó, es con asistencias masivas a las esperadas reuniones en donde todos participan y contribuyen para el buen desarrollo de la entidad.
Nadie puede negar que Fedearroz logró construir como también potenciar portafolio gracias a los recursos canalizados con el acuerdo Col-Rice que administra y gestiona el contingente arancelario de arroz entre Colombia y Estados Unidos. Este mecanismo opera a manera de Export Trading Company, ETC, bajo las leyes de Estados Unidos, herramienta que permite subastas públicas periódicas con el fin de otorgar derechos de importación solo en arroz sin arancel a las empresas solicitantes.
En este movimiento las utilidades generadas por las subastas tienen como destino una serie de planes de inversión que impacten positivamente al sector arrocero del país y a la fecha son varias las obras y adaptaciones competitivas que se han hecho en favor de los agricultores.
“Cuando uno ama lo que hace los resultados nunca podrán ser malos y la federación es una institución en donde todos aportan intangibles de gran valía, corazón y compromiso, los afiliados igualmente aman su institucionalidad, creen y apoyan su gremio lo que resulta muy satisfactorio para todos porque los efectos de los proyectos trazados y ejecutados se ven. Fedearroz ha generado tecnología, potenciado gremialidad y representatividad en los agricultores. Estoy seguro que no tenemos nada de qué arrepentirnos sino más bien de sentirnos muy contentos de haber cristalizado todo lo trazado y de mostrarle al país muchos logros haciendo de Fedearroz una institución grande, seria y productiva”, declaró el señor Hernández Lozano.
Hablando con el dirigente gremial, fue imposible no evocar al famoso, ilustre y recordado “Cofrade”, Alfonso Palacio Rudas, quien argumentaba que el café era el único muerto que no se deja enterrar, algo que perfectamente aplica en otros sectores agrícolas que no se dejan sepultar, pues si bien es cierto la yuca va enterrada, finalmente sale de la tierra al plato, pero el arroz, manifestó Hernández, esa valiosa espiga, sigue vigente amén de los problemas y las distintas circunstancias, pero hay ímpetu, ganas de salir adelante y de trabajar, lo necesario para continuar con un sector que le ha aportado mucho a Colombia, no solo en los resultados económicos sino en tejido social, empleo, desarrollo y seguridad alimentaria.
Sobre el comportamiento del sector arrocero en 2026, el directivo reconoció que ha sido un año duro para la federación y también para los agricultores porque no fue el periodo de los mejores precios y por eso ha habido cierto desanimo en los productores, las áreas y la producción, en consecuencia, han bajado y por eso le pidieron al gobierno y al presidente de la Republica poner sus ojos sobre el sector arrocero, responsable de gran parte de la alimentación y de la canasta familiar de los colombianos.
Indudablemente hay confianza en el ejecutivo, los agricultores le creen a Abelardo De La Espriella y por eso miran al Primer Mandatario con mucho respeto, fundamentalmente con toda la confianza para que pueda lograr un buen gobierno, que logre sacar el país adelante para que todos puedan vivir tranquilos, un lugar en donde se pueda volver a pescar y salir al campo con máximo sosiego.
Los agricultores colombianos han pasado por las verdes y las maduras, algo que puede ser literal, pero igualmente han demostrado que están en pie y aportando en momentos de máxima dificultad, un ejemplo la pandemia en donde los hombres y las mujeres del campo pusieron todo de sí para llevar alimentos a los hogares en un momento en que no solo el Covid-19 era un apuro, también las guerras, las complicaciones con contenedores y suministro, todo un caos porque ese aspecto geopolítico castigó duramente el precio de los fertilizantes y otros insumos. Aún así, fueron ellos los productores de la ruralidad quienes sacaron la cara como lo hicieron los médicos, una muestra de que quieren y pueden.
“En pandemia no paramos ni un solo día, los arroceros conseguimos que el gobierno nos diera permiso y un carnet para poder transitar porque jamás se dejó de producir, no nos enfermamos todos, algunos murieron indudablemente por la calamitosa enfermedad, pero el arroz siguió vivo y en la boca de los colombianos como un producto base de la alimentación”, expresó Rafel Hernández.
Agregó que el arroz no es un cultivo cualquiera ya que llegó al país en 1580, producto que fue llevado por los españoles, en principio a Estados Unidos y luego hizo su incursión en las costas colombianas y hoy el país sigue comiendo arroz, pero no cualquiera, arroz del bueno, obtenido con tecnología de la federación, investigación y trabajo, lo que explica porque se produce con tan buenos resultados aunque Hernández Lozano reiteró que no es fácil la vida ni el desempeño de los agricultores que son resilientes y capaces de afrontar el desafío que sea, verbigracia, cambio climático, violencia, apuros en rentabilidad, altos costos de producción, importaciones y contrabando así como otros factores que se han presentado, pero que dejaron sacar la mejor actitud y valentía en cada arrocero que hoy tranquilamente dice estamos y seguiremos.
Fedearroz logró posicionar unas variedades de gran calidad y por eso es un requerimiento en materia gourmet por sus características, sabor, rendimiento y textura a la hora de hacer una preparación, hoy dijo Hernández, el que produce Colombia es el arroz de mejor calidad.
Narró una anécdota en el barrio Lucero Alto en Bogotá en donde le preguntó a una señora que más allá de no tener los mejores ingresos compraba el arroz gourmet de Fedearroz que generalmente tiene un precio más alto, la respuesta sorprendió, “es el que más me rinde para las empanadas”.
La geopolítica, señaló el dirigente, sigue causando inconvenientes en agricultura y todos los sectores de la economía porque Colombia se ha acostumbrado a lo bueno, pero igual por antecedentes y ADN a soportar lo malo, también a tomar lo malo y volverlo bueno.
La revaluación sin duda es un factor que ayuda a los agricultores porque se compran a menor precio bienes de capital, fertilizantes e insumos en general, sin embargo, no todo es dicha ya que un dólar barato se vuelve un arma de doble filo pues resulta desfavorable por las importaciones de producto terminado que entra mucho más módico y accesible.
Por temas de vecindario, Colombia despachó arroz a países como Ecuador y Venezuela, pero en opinión de Hernández Lozano, exportar un producto como el arroz no es fácil puesto que es el alimento más subsidiado en el mundo y el más amparado el mundo agrícola, pero expuso que con la excelente calidad del arroz colombiano que gusta en los mercados podría pensarse en oferta exportable, pero solo si hay un decidido apoyo del gobierno a través de una política exportadora con lo cual el área sembrada crecería, facilitando los excedentes a tranzar con el exterior, advirtiendo que en ocasiones la sobreabundancia no se exportó castigando el sector por el desplome en los precios, una razón de peso para hacer todo con más método y mejor cálculo.
A propósito de exportaciones y mercados, Hernández fue enfático en decir que es perentorio hacer una revisión a los acuerdos firmados al amparo de la Comunidad Andina de Naciones, CAN, porque cuando se diseño inicialmente el Pacto Andino el 26 de mayo de 1969 se le dio favorecimiento a países como Ecuador, nación que ya ha generado tecnología, factor que derivó en una mejor oferta tecnológica, es decir que los Colombia y Ecuador están en igualdad de condiciones, luego el tratado sí debería someterse a revisión.
El asunto con la CAN es complejo, argumentó Hernández, porque no hay disciplina y no se cumple con lo acordado, para completar, asumió, Colombia se volvió más papista que el papa tratando de honrar todo lo rubricado cuando los demás no lo hacen. El asunto no es menor porque indudablemente el arancel externo común no pasó de ser un buen titular.
TLC con Estados Unidos también pide una mirada seria
Empresarios, productores agrícolas, ganaderos y varios sectores han expresado su preocupación por la precariedad con la que se negoció el tratado de libre comercio con Estados Unidos que hoy por las ordenes ejecutivas de Washington no tendría piso jurídico ni asidero porque nadie firma un beneficio para pagar tarifas por capricho o por la coyuntura fiscal del socio, en otros tiempos habría sanciones y fuertes llamados de atención.
En la pasada reunión Col-Rice de julio, el gerente de Fedearroz estuvo presente y apuntó que es extraño escuchar a los agricultores estadounidenses con las mismas quejas que tienen los productores colombianos por cuanto el arroz es un commoditie que se produce a gran escala el cual está muy afectado por los precios internacionales debido a la oferta de India y otros países pues están asimismo Tailandia, Vietnam, Pakistán y Estados Unidos, el más grande exportador por fuera del eje asiático. Igual hay otros productores que abastecen el mercado mundial como Camboya, Myanmar, Argentina y Uruguay.
“Es por eso que el arroz como alimento base que es en Colombia y en muchos países lo protegen y lo subsidian, para el capítulo Colombia antes que subsidio lo que necesitamos es protección para el productor”, señaló Hernández.
Hay muchos rumores a los que se les debe poner la mayor atención, uno la realidad fiscal de Estados Unidos y la posible proximidad a una caída económica, algo que los conocedores comparan con la Gran Depresión, otro aspecto es el asunto bélico y geopolítico que de escalar paralizaría automáticamente la cadena global de suministro dejando en alarmante situación a los países sin agricultura que estarían expuestos y vulnerables porque con hambre, la comida vale más que oro, petróleo, platino o diamantes juntos.
A criterio de Hernández, teniendo en cuenta la retahíla de riesgos locales, climáticos y globales, debe conjurarse una crisis de manera anticipada por lo que se debe garantizar la seguridad alimentaria, algo muy importante porque Colombia no puede depender de la economía y la dinámica agrícola de otros países, los alimentos, insistió, deben producirse en el territorio lo cual demanda protección y e arroz casualmente es un producto blindado y defendido en todos los países del mundo y seguramente Colombia no es una excepción.
Resaltó que no todo es para el lamento porque Colombia tiene la gente, las tierras, agricultores profesionales, la voluntad y esa evolución tecnológica que está haciendo que los campos prosperen y permitan hablar de nutrición, abastecimiento y tranquilidad.
“Aquí en el llano es admirable la cantidad de arroceros y la seriedad con la que manejan sus cultivos, todo con el deseo de progresar y contribuir con la economía nacional y con parte de la base de la alimentación colombiana que es el arroz”, dijo Hernández Lozano.
Vino otra cuita, el boom y la muerte de los cultivos de algodón en Colombia que al dejar de sembrarse arrastró con otros sectores como las textilerías y otras muy de la cadena de transformación, dejando a miles de personas sin empleo y la economía en punto de quiebre.
Recordó que cuando se sembraba algodón en Colombia solía decir que si a los algodoneros les iba bien, al país y a los mismos algodoneros les iría bien porque llegó a ser el cultivo de rotación por excelencia. Deploró el marchitamiento del sector algodonero que fue intensivo en mano de obra y generador de riqueza, pero desde 1977 hubo muchos problemas y el algodón se vino a pique sin que haya sido posible reivindicarlo habida cuenta que no hay la suficiente investigación, necesaria para desarrollar las variedades óptimas para los agricultores colombianos, es decir, que se ajusten al clima y a la realidad que se vive en Colombia porque siempre se usaron variedades importadas de Estados Unidos, totalmente alejadas del trópico bajo así como de otros países sin que llegara un desarrollo de gran contundencia.
“Sería ideal que el algodón volviera a Colombia, ya con estudio, exploración, mejoramiento y variedades resistentes que puedan ofrecer atributo en fibra. Aún recuerdo cuando Armero se conocía como la “Ciudad Blanca” porque era el lugar en donde se producía el mejor algodón, caracterizado por tener una fibra más larga y con mayor calidad, desafortunadamente la plantación desapareció porque le faltó tecnología y generar variedades que se adaptaran mejor al país, en fin, ojalá vuelva porque, repito, fue el cultivo de rotación por excelencia con el arroz”, manifestó el Gerente General de Fedearroz.
Acentuó que el arroz colombiano es de muy buena calidad, demasiado agradable en el plato, preparado con pollo o en paella, que sabe mejor con arroz cultivado y cosechado en Colombia.
El Ariari defiende el cultivo de arroz
En el muy ameno recorrido arrocero hablamos con los productores y profesionales del agro, personas muy amables y con el tema muy claro sobre el hoy y el futuro del cereal en Colombia.
Llegamos muy temprano a Granada, Meta, y en ese municipio se notaba un aire de optimismo por las risas y las miradas de gente atenta, presta a colaborar y con un marcado orgullo por su condición arrocera.
El agricultor y agrónomo de la Universidad Nacional en Palmira, Valle, Orlando Tarache dijo en este medio que lleva 40 años en las siembras de arroz en la zona del Ariari. Aparte de cultivar, este versado en temas agrarios hace asesorías técnicas de cultivos, pero sin duda le quita el sueño plantar arroz.
Este acreditado profesional lleva a Fedearroz en el corazón, estuvo en comités, juntas directivas nacionales, fue presidente de la Junta Directiva Nacional en dos ocasiones y por eso sigue comprometido con lo que le gusta y ha hecho siempre, poner semillas en la tierra y luego festejas cada cosecha arrocera.
Dijo que el arroz está en el ADN de los colombianos, uno porque hay agricultores que no bajan la guardia y de otro lado los consumidores que saben que a su mesa llega el mejor cereal tras ser sembrado con esfuerzo, pero con todo el compromiso porque es reconfortante ver brotar de la tierra un aliento que se come hasta tres veces al día y algo más porque hay postres que suman en su consumo.
“Estamos en crisis, la situación es difícil, pero el agricultor es resiliente y no se dejará doblegar, caso opuesto seguirá con todo el empeño y el talante”, apuntó el señor Tarache.
Expresó su angustia por los comentarios que se escuchan sobre parar el ciclo del arroz por dificultades económicas y en los costos de producción, pero insistió en seguir sin pausa defendiendo una siembra antigua que sin exagerar hace parte de cada uno de los colombianos que lo ven como su más grata realidad, un alimento base, indispensable e irremplazable motivo por el cual no se pueden permitir que la actividad arrocera se acabe.
Los agricultores, como los del Ariari, arroceros, ganaderos o plataneros, subrayó, son de suma importancia y así lo demostraron trabajando en la pandemia y salvando los muebles porque nadie en el campo contempló tomarse un descanso en tan aterradora coyuntura, fue así como hubo comida en Bogotá y en las grandes ciudades porque los campesinos y el sector primario no saben de pausa ni de dificultades.
“Son muchos los comentarios sobre los recursos del arroz, pero cuando se toca la institucionalidad le mueven la fibra a cada arrocero que defenderá su gremio y seguirá impulsando los cultivos del esencial cereal, hay inversiones en investigación, molinos, laboratorios, centros experimentales y muchas otras cosas. Alrededor del arroz es demasiado el terreno que se ha ganado y por sentido común debe defenderse el agro y el arroz puntualmente que invierte bien los recursos del Col-Rice y con eficiencia la cuota arrocera”, comentó el agrónomo.
Vio como ejemplar el manejo de la federación y el uso inclusive de recursos propios que se inyectan en un sector productivo y capaz de demostrar que las importaciones no son necesarias porque Colombia sabe producir, tiene en donde sembrar y hay gente demasiado idónea que puede dar una mano importante.
Recomendó canalizar talento y profesionales jóvenes para incentivarlos a seguir estudiando hasta lograr el PhD y luego llevarlos al campo para que apliquen innovación y conocimientos en favor de una agricultura de mayor estructura y mejor formación.
El agricultor defendió la globalización en donde están las oportunidades de mercado, pero dijo que a Colombia se le orientó mal porque el comercio no es solamente importar sino competir y demostrar que con limitaciones también se puede exportar. Seguramente, anotó, lo que no se tiene en volumen, sobra en calidad y en eso Colombia se lleva por delante a muchos.
Añadió que, si bien hubo problemas con los TLC firmados, no se puede negar que, por iniciativa de las directivas de Fedearroz, los menos aporreados en esa negociación fueron los arroceros, pero en general, sostuvo, si hay mucho por revisar porque en esa ecuación de ganadores y perdedores, serán más los que salgan con caras largas de sus respectivas actividades o núcleos productivos.
En esa negociación, recordó, se logro el tema de las subastas y los dineros generados por el acuerdo Col-Rice con los que se construyó futuro, se hicieron obras reflejadas en plantas, molinos, investigación y mucho más, dejando ver que independiente de los embates hay espacio para respirar, pensar y decidir para bien en donde no deben existir distancias o casar peleas con los campesinos o los gremios, la lucha es entre productores y gobierno para avanzar en productividad, rentabilidad y nuevos mercados, justo un escenario para trabajar unidos.
“Hay que seguir, el campo es la salida para todos los problemas, pero no podemos seguir equivocándonos, queda el recuerdo de cuando se negoció el acuerdo de la CAN y nosotros éramos la potencia de Suramérica lo que nos llevó a dar gabelas a otros países como Ecuador y Perú que las están facturando actualmente, fuimos a renegociar y no se ha podido. No olvidemos que tenemos agua, suelos y muchos factores a favor. Si el gobierno nos ayuda seguro que sacamos adelante este país porque el agro jamás se debe acabar, contemplarlo ya nos mostró qué pasa y una nación solamente es soberana si tiene comida”, dijo Orlando Tarache.
Acacías también está firme con la agricultura
El señor Pedro Antonio Baquero Rey lleva 35 años dedicado a la agricultura, particularmente al arroz en Acacías, Meta, afirmó que si bien el agro es una pasión hay momentos complejos porque siempre habrá dificultades como inseguridad, falta de personal, hoy escaso, salarios muy altos, prestaciones, costos elevados en los insumos, clima y muchas otras cosas que se presentan como la comercialización del producto porque el arrocero trabaja con mucha energía y todas las ganas, empero al final del ejercicio no es compensado debidamente por sus esfuerzos, uno de ellos el económico.
Baquero Rey sabe que cuenta con un gremio fuerte y sólido, pero lamentó los problemas que se han presentado a nivel gobierno toda vez que el pasado mandato atropelló a los agricultores quitándoles el incentivo al almacenamiento, un recurso que estaba disponible para poder defenderse de los distintos contextos por precios y al actual presidente le pidió poner mucha atención en el campo y en los que invierten en la ruralidad porque hay más de 13.000 arroceros y más de 500.000 familias dependiendo de que el arroz no colapse, invitó al ejecutivo a respaldar las labores agrícolas, proponiendo políticas para mejorar y crecer, pero también incentivando a los jóvenes para que sigan en el campo.
Es urgente, indicó el agricultor, estar atentos a todo lo que sucede con el mundo porque cualquier cosa puede pasar y lo más apropiado ante la escalada de cualquier conflicto es tener el campo en plena producción para no pasarla mal ya que quien no tenga reactivado el agro está, infortunadamente, condenado a desaparecer. Por fortuna, comentó, existe el arroz que es un producto muy económico de la canasta familiar y si hay arroz y arveja, lenteja, garbanzo, frijol o cualquier combinación y con suerte un huevo, ahí está lista la comida para una familia de bajos recursos y en este momento debemos pensar en tener comida para sostener la demanda nacional en especial de los sectores más vulnerables de la sociedad.
Hoy tener amigos es muy fácil y eso se busca desde Fedearroz que apuesta por diálogo y puentes de entendimiento con un gobierno que como todos necesita respaldos sinceros, gente cercana y con el conocimiento disponible para diseñar y edificar el nuevo país, ese sin violencia, lleno de oportunidades y con el campo como base del progreso y la soberanía alimentaria.
Aunque muchos creen que sembrar arroz es muy fácil, el asunto no es tan sencillo, Pedro Antonio ha enfrentado situaciones verdaderamente críticas, pero supo aguantar, sostenerse y superar escollos. Entre tiempos buenos, regulares y malos este agricultor lleva esos 35 años dedicado al arroz, pero tiene claro que más allá de las circunstancias su trabajo evita el hambre y los problemas sociales.
Este arrocero decente y dispuesto siempre a dar lo menor viene de familia campesina, sus ancestros cultivaron alimentos y él como atendiendo un llamado para no abandonar las siembras, siguió en un trabajo duro, pero enriquecedor y satisfactorio cuando los precios son buenos y las cosechas salen sin problema.
“Tengo dos hijos, pero ante los malos resultados decidieron hacer un alto en el camino y dedicarse a otras cosas, uno de ellos ingeniero civil, quiso quedarse porque le gusta el campo, pero no tuvo suerte con el crédito en donde los más fácil es rechazar las solicitudes, el otro retoño vio desde la tribuna y no quiso estar en el agro porque lo vio como una actividad secundaria y desagradecida. Hoy lo importante es que no se acaben los campesinos porque nos gusta y sabemos del asunto, como está el entorno actualmente nada es fácil porque hay extorsión, temores, y eventos con cargo al clima, a los precios y todo. No se equivocan quienes dicen que los plantadores tenemos corazón de torero”, aseveró Baquero Rey.
Ante una eventual reforma al campo, apuntó el empresario, debería contemplarse unan serie de beneficios porque es increíble que quien produce alimentos paga las tarifas impositivas de una empresa transnacional, impuestos que matan al productor agropecuario, eso sin profundizar en crédito en donde ese campesino que saca comida de sus fincas debería tener una tasa de interés más baja, totalmente diferenciada o subsidiada.
Otro lío está en la seguridad social porque los labriegos deberían tener beneficios y facilidades para poder vender con tranquilidad porque cuando hacen una venta los confunden con millonarios y les sustraen recursos que deberían quedarse para optimizar la finca.
Fedearroz, para mostrar en Villavicencio
Finalmente, el presidente del Comité Seccional de Arroceros en los periodos 2024 y 2026 en Villavicencio, Meta, Miller Ortiz señaló que el apego por la institucionalidad arrocera por parte de los afiliados es de toda la vida, gremio que respaldan y quieren porque se siente la pertenencia y la familiaridad. El tema es bastante elemental, sentenció, si se acaba el gremio se acaba el arroz.
Dijo que el impacto social del arroz es trascendental en las comunidades porque al haber empleo, ocupación e ingreso, menos personas estarán en las calles queriendo lastimar o cometer fechorías. Confesó que es un apasionado con su siembra porque ofrece tranquilidad y una remuneración que en temporadas es justa y rentable, algo con lo que se puede vivir con dignidad.
Razonó que se deben hacer todos los esfuerzos para que los jóvenes no abandonen las siembras, allí, expuso, es vital un adecuado relevo generacional en donde aparte de bienes públicos, agua, electricidad y otros servicios básicos, así como infraestructura avalen el “sí, me quedo”.
Lo anterior, explicó Ortiz, debe ir articulado con la necesaria y obvia rentabilidad, ganancias que hará más llamativo cultivar y por ese medio lograr engrosar la fila de nuevos agricultores, los que va a necesitar Colombia para conjurar problemas relacionados con desabastecimiento y hambre.
“Todo eso es posible mejorando la seguridad, ofreciendo salud, educación, bienestar social y oportunidades tangibles, una forma práctica de apostar por seguridad alimentaria y futuro en un país que con voluntad y esfuerzo despega y progresa”, afirmó el directivo.
En las asambleas quedó claro que el gremio está unido y lo mejor, que la democracia está resguardada porque todos hablan, opinan y se respetan. En esos encuentros hubo preguntas, pero también respuestas, solo muestras de consideración y solidaridad. Hubo, dijo Ortiz, voces disonantes que fuera de cualquier criterio, abrazaron al gremio. El tema se dio cuando un portolopense expresó un descontento, pero al final fue contundente, “nuestro respaldo desde Puerto López al Gerente General de Fedearroz, Rafael Hernández Lozano porque siempre ha tenido qué mostrar”.
No por nada las granjas experimentales del meta y Casanare logradas con apoyo gubernamental para hacer investigación, está el molino y la planta de Pachaquiaro en donde se recibe el arroz, se seca, se almacene y sed trilla, también está la planta de Pore y la ampliación en el molino de, El Espinal, Tolima, igual hubo inversión y mejoras en Valledupar. Fue igualmente puesta en marcha la planta de semillas ubicada entre Restrepo y Cumaral, importante porque conserva la calidad en los núcleos que salen de allí para los cultivos, otra prueba de que la plata de ETC está invertida en tanto que la cuota de fomento se va directo a investigación y está auditada por la Contraloría.
Es urgente sembrar, seguir en el campo para evitar hambrunas, y para ello Fedearroz cuenta en El Espinal con una sede en donde están todos los germoplasmas de las variedades que han pasado o salido de la federación.
Habrá discrepancias, vendrán preguntas y de todo, pero aparte de eso hay respeto por la institucionalidad y por eso quedó la silla lista para atender al ministro de Agricultura quien cuenta con puertas abiertas y manos amigas, un ejercicio constructivo y propositivo.
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