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Martes, 07 Julio 2015 09:27

Panaderías colombianas están listas para los TLC

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Los panificadores coinciden en afirmar que el libre comercio es una realidad de la que no se puede huir, pero aseguran que están tranquilos porque el ejercicio de internar marca ya se hizo y el colombiano se quedó con lo que le gusta, lo de la casa.

En Bogotá hay más de 7.000 panificadoras registradas, pero ese número puede ser mucho más grande si se tiene en cuenta que muchos negocios de este tipo no están registrados u operan en zonas marginadas de Bogotá en donde el pan es prioritario en la dieta de las familias más vulnerables.

El precio de este alimento delicioso, aromático en las primeras horas del día y tan necesario en la alimentación ha sufrido una metamorfosis porque cada vez pesan más los insumos y hay cargas laborales, prestacionales y tributarias que ponen a más de uno contra la pared, sin embargo, el negocio crece y muchas familias devengan su sustento de esta actividad que crece en Bogotá y en Colombia de manera significativa, lo cierto es que en esa evolución de precios, el pan de 200 pesos pasará a la historia y será reemplazado por el de 300 como ya viene pasando.

En un recorrido hecho por Diariolaeconomia.com por algunas empresas que conforman el gremio, se pudo precisar que el negocio de las panaderías va en franco aumento y lo que es mejor están dispuestas a competir con quien sea por la vía del TLC o cualquier otro acuerdo porque aseguran que ni es su mejor momento las grandes panificadoras, las de formato industrial amenazaron a los pequeños y menos Pan Bimbo de México que si bien entró al mercado con relativa fuerza, no logró acabar con las panificadoras que compiten con sabor, frescura y valor agregado.

En esta charla interesante con panificadoras de barrio, este medio logró establecer que las panaderías no se están quedando quietas y por el contrario, como buenas representantes del sector de las pymes, están invirtiendo y haciendo una apuesta en tecnología e innovación que las tiene en el mercado con una oferta amplia y un servicio totalmente mejorado.

Por las calles prósperas de Madelena, conjunto de casas y edificios al sur de Bogotá, precisamente sobre la autopista que conduce al balneario más popular, Girardot, la industria panificadora tiene sendos representantes. El sur de la capital es el sitio en donde quizás hay más panificadoras en la capital colombiana.

La propietaria de la panificadora, Dulces Momentos, María Celina Pérez, afirmó que este enorme negocio, muy bien instalado, lleno de estética y limpieza en donde da mucho gusto tomar un buen café, de hecho manejan una marca importante, fue la consecuencia de haber apostado por una panificadora de menor tamaño, pero que a punta de trabajo y buen producto afianzó clientela y catapultó los sueños de esta bonita y amable boyacense.

“Todo lo que se logró se lo debo a los Ángeles, la pequeña sucursal que le dio vida al negocio que tengo hoy y que es tan eficiente que ya es frutería, pastelería y panadería. Hace cinco años nació la nueva panificadora y por fortuna se mantiene la panadería pionera de mi negocio”, declaró La señora Pérez.

María Celina dijo que la clave del éxito ha sido el ahorro, el trabajo y los buenos manejos contables porque justamente un capital guardado con celo le permitió abrir la panadería pequeña la cual dio lo suficiente para ahorrar y erigir la grande, esa que tiene el nombre de la vida grata, triunfante y floreciente, “Dulces Momentos”.

En el corto tiempo y gracias a su amplia oferta, esta panadería se ha vuelto punto de encuentro de amigos y familias en el sector de Madelena. El producto se logró posicionar y por eso la urbanización y sus alrededores consumen pan y pasteles de la muy buena panificadora, “Buenos Momentos”.

Al ver las instalaciones es indudable que la panificadora es no solamente la mejor del sector sino que compite en calidad y montaje con otros negocios. Esta empresa nació para prosperar y para mejorar la calidad de vida de muchas personas porque tiene dentro de sus políticas el concepto amplio y generoso de responsabilidad social.

“Nosotros producimos toda la variedad de pan, tortas, postres, ensaladas de la mejor calidad y con las más óptimas frutas, café exprés y ofertas gastronómicas para el medio día o la media tarde de la mejor calidad y el mejor sabor”, indicó la empresaria.

La industria panificadora cambió rotundamente en Colombia con la apertura económica y con el consecuente final que tuvo la industria molinera. El país pasó del trigo nacional a las inmensas importaciones de harina de todas las calidades y precios. La mayoría de importaciones vienen de Canadá y Norteamérica reportando precios de acuerdo a los ciclos de producción en donde se vuelven claves la oferta y la demanda.

Una de las políticas de esta empresaria es sostener un producto de elevada calidad evitando el trasladar los altos precios de los insumos al consumidor final. María Celina es consciente de la dificultad económica y de la necesidad de llevar el pan a la mesa y es por eso que mantiene un negocio con precios justos, pero insistiendo mucho en la calidad.

“Para poner en las vitrinas el mejor pan, nosotros compramos harina canadiense, que es muy fina y de alto rendimiento”, apuntó Pérez.

El precio es clave, pero sin dañar la calidad

Esta empresaria tiene claro que el negocio fue, es y será rentable, pero única y exclusivamente con un producto inmejorable y de gran aceptación. Para ello, dijo, es mejor tener un pan de 300 pesos, producido con la mejor harina, la mejor mantequilla y los mejores insumos, lo malo es bajar el tamaño del pan y dañar el sabor.

“Nos ha ido tan bien con el producto que hay gente que viene de otros barrios a comprarnos el pan, y eso es porque les gusta el sabor y la frescura que ofrecemos. En calidad no bajamos la guardia”, comentó.

Dijo que el pan de 200 pesos no volverá y explicó que quienes lo revivieron lo hicieron con materias primas de baja calidad e inclusive reduciendo su tamaño.

La panificadora, Dulces Momentos genera 18 empleos directos y aparte de pagar salarios dignos y muy convenientes, la empresa reconoce recargos, festivos, horas extras y todo lo atinente a seguridad social. “Me gusta generar empleo, pero le doy prioridad a las madres cabeza de hogar que necesitan un ingreso para el bienestar de sus hijos”.

Dijo que en Bogotá hay un número elevado de panaderías, pero aclaró que el negocio no es fácil porque muchos venden un pan de mala calidad o no tienen un portafolio amplio para satisfacer las exigencias que cada día demanda el consumidor o las amas de casa. “En este negocio mientras exista la calidad, así estén enfrentados varios negocios, lo cierto es que todos venden porque el mercado es bondadoso”.

La señora Celina no está pensando en una expansión sino que le apuesta a agrandar el negocio actual y poner más productos y mayor espacio a la orden del público. “Nosotros tenemos el mejor pan del sector y competimos sin temor con otras panificadoras de Bogotá, nuestro producto es de muy buen sabor, usamos las mejores materias primas y utilizamos poca levadura. Actualmente estamos ofreciendo mucho pan integral y productos de mayor demanda para la salud”.

Anotó que la leche que hace parte del negocio debería ser más económica para las familias porque este es un producto, que inclusive lo botan en los campos. Afirmó que al comprar la leche se nota que hay una diferencia muy amplia entre el industrial y el productor primario o el campesino que en la mayoría de las veces vende la leche a pérdida. “Este es un precio estándar en donde la industria gana por punta y punta”.

Los impuestos no se notan

La empresaria de la industria panificadora, María Celina Pérez, lamentó que la carga impositiva no se vea reflejada en una mejor ciudad o en un mejor país. Dijo que las calles son las mismas de siempre y expresó preocupación por la inseguridad y el creciente fenómeno de descomposición social.

Agregó que el escenario impositivo no lo mejoran nuevas cargas tributarias sino más eficiencia en el cobro de los tributos. Manifestó que hablar de más tarifas o subir el IVA es totalmente desconsiderado con todos los colombianos, pero básicamente con quienes fomentan empleo y generan crecimiento desde la tribuna del comercio formal.

“Es impresionante el número de indigentes en las calles que llegan a los negocios a fomentar mal ambiente y desagrado porque son personas sucias, malolientes y de mal vocabulario que deterioran el clima de los negocios. No podemos darnos ese lujo de pagar tributos y tener un pie en la adversidad, sencillamente porque el gobierno no cubre sus obligaciones.

Aquí hay fincas y sitios en donde esas personas estarían mejor y sin causarle mal a nadie”, expuso Pérez.

Sobre el tratado de libre comercio indicó que no le asusta el acuerdo con Estados Unidos porque confía en la calidad de sus productos y de su servicio.

“Justamente la empresa Levapan nos está dictando unos cursos para enfrentar la competencia con el pan que llega y llegará de otras latitudes, esta empresa nos está enseñando a trabajar en muchas variedades de pan que quizás van a llegar, pero por fortuna nosotros ya estamos un poco adelantados”, aseveró.

Dijo que algunos empresarios estarían interesados en llevar el delicioso pan colombiano y sus demás productos al extranjero, pero aclaró que para ello hay que estar muy bien preparados y contar con un capital que respalde la iniciativa. A criterio suyo, una buena panadería en Estados Unidos o en Centroamérica le compite al que sea, porque esta industria ha avanzado y sabe cómo cautivar paladares.

María Celina Pérez dijo que para empezar en el negocio de la panadería hay que tener en el bolsillo mínimo 50 millones de pesos teniendo local. Apuntó que los hornos varían de precios porque hay hornos importados de 30 y 40 millones de pesos, pero también de 20 millones de pesos en la industria colombiana los cuales pueden dar una mano importante arrancando.

Después de Bogotá, las ciudades con más panaderías son Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga aunque Colombia es un país en donde el pan es de muy alto consumo y más ahora con las combinaciones y productos cercanos como roscones, tostadas, calaos, galletas, pasteles y hojaldres que le dañan la dieta al más austero.

Pan-payuelos, el mejor pan de Modelia y Hayuelos

Cambiando de sitio, Dayana Rodríguez, gerente de Pan-payuelos, una reconocida panificadora en Modelia al occidente de Bogotá, asegura que el negocio del pan sigue siendo bueno y muy rentable, pero solo si se trabaja con calidad y materias primas de excelentes características.

Sostuvo que este negocio está en un óptimo nivel porque cada vez la gente consume más pan y otros productos afines a la industria panificadora como pastelería, postres y pan de diversas clases.

Dijo que si bien el pan gusta en todas las formas y sabores el Baguette está en tremendo auge porque lo piden caliente y muy fresco para comer en el sitio o para acompañar pastas y otras comidas. Afirmó que después de este tipo de pan hay un pedido enorme por el pan de hojaldre y por otros productos como roscones y pan dulce así como por otras variedades como pan de mantequilla, de queso, aliñado y demás versiones.

Dijo también que el pan de 200 pesos ya no se verá ni en ciudad Bolívar porque las harinas, las mantequillas y otros productos han subido su precio lo cual hace imposible mantener un valor tan bajo en este alimento procesado.

Desde su óptica las mejores panaderías compran la marca Procoharinas porque tiene mejor textura, es más suave, fácil de trabajar y mucho más rendidora. La familia Rodríguez lleva más de 25 años en este oficio y no les ha ido para nada mal, ellos dicen que el éxito se reduce a una palabra, “calidad”.

El señor Nelson Rodríguez, inició hace siete años en el sector de la panadería y le dio vida a Papayuelos en donde trabajan once personas que tienen cubierto absolutamente todo.

La panadería genera más de 300.000 empleos en Colombia y al revisar la cadena la cifra supera los 810.000 de manera indirecta.

Que venga el libre comercio

Dayana, una joven sonriente y muy amable, le dedica tiempo al negocio y muy pronto a la comunicación social, es por eso que maneja conceptos de marca y productos de calidad. Dijo que con el libre comercio no hay prevención porque los panificadores colombianos manejan un pan de gran sabor, elaborado con mucha técnica y con los mejores insumos.

“De México vino Pan Bimbo, pero a la gente le gusta el pan que sepa a algo, que no sea insípido o simple, en Colombia el consumidor es muy exigente y no se conforma con cualquier marca, además busca olor del momento y mucha frescura, por eso y por la tarea que hacemos a diario, el libre comercio no nos trasnocha”, dijo Dayana Rodríguez.

Al igual que muchos panificadores, asegura que esta empresa colombiana, hablando de las panaderías como un sector determinante en la economía, puede ir a Estados Unidos o a donde quiera, a preparar y vender el mejor paso. “Ese sería un caso excepcional de éxito porque calidad nos sobra”.

Consideró que el llegar a Estados Unidos es un paso que algunos tienen que dar porque muchas personas latinas e inclusive americanas están saturadas con la dieta de ese país y por ello le ve muy buena opción a la panadería acompañada de desayunos con huevos, con tamal, con jugo y otras recetas de la abuela que pueden dar un resultado impensado y contundente. “Si ellos en Norteamérica miran para acá, porque nosotros no podemos mirar para el país del norte, si tenemos mucho que darles, es cuestión de emprender y demostrar. Ofrecer productos colombianos de panificación y sus acompañantes satélites en Estados Unidos no sería una mala idea”.

Ahí está la industria panificadora en Colombia, creciendo y fortaleciéndose para enfrentar lo que venga, además porque confía plenamente en la fidelización de los consumidores que están acostumbrados “a lo bueno”.

Dicen que en la vida, los dulces momentos son pocos, pero lo cierto es que en Madelena estos se garantizan 24 horas y siete días a la semana, algo muy similar pasa en Modelia con Papayuelos porque si bien no se amasan enormes fortunas, en la industria panificadora si se mezclan sobresalientes ingredientes para llevar el mejor pan a los colombianos desde un gremio que tiene muchos planes en el horno para no dejar de crecer, de ofrecer empleo y reportar buenas utilidades económicas y sociales.

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