Por Julián Andrés Cárdenas Fonseca
Analista de portafolios especiales de Protección
Las impactantes imágenes de destrucción tras la explosión de Tianjin y la confusión por las recientes medidas de devaluación del Yuan por parte del Banco Central de China, golpeó nuevamente a los mercados de las economías emergentes. La lamentable pirotecnia del país más poblado del mundo opacó la buena noticia del tercer plan de rescate aprobado para Grecia por 86 billones de euros y algunas cifras de Colombia que descubren un moderado optimismo. Esto último no frenó el galope del dólar al nivel más alto de la historia frente al peso colombiano.
A comienzos de la semana anterior, el Banco Central en China anunció una pequeña devaluación de su moneda. Aunque para algunos la devaluación busca estimular el menor crecimiento de la segunda economía más grande del mundo, el ajuste en la moneda puede no tener un impacto considerable en su competitividad ni afectar de manera importante la futura decisión de tasas de interés en los Estados Unidos (en este momento con mayor probabilidad en septiembre, 40%). Ahora bien, el menor crecimiento actual de China frente a los años previos, cercano al 7%, si ha afectado la dinámica de las economías emergentes productoras de materias primas, con una caída cercana al 40% en los precios de las materias primas desde 2011, con un impacto en sus monedas y con una distorsión en la inflación global.
El Gobierno chino desmintió la razón del estímulo, luego de varios días consecutivos de movimientos en su moneda, y trató de dejar claro que los ajustes fueron un gesto hacia un sistema un poco más libre. Lo anterior es sospechoso porque se realiza justo en el momento en que el dólar le ha ganado el pulso a todas las monedas en los últimos meses y podría interpretarse como una estrategia para causar una ventaja. Lo que si es cierto es que con una China más competitiva el riesgo de recibir menores precios es alto. En parte, el movimiento inicial en el mercado por la noticia fue de preocupación por el aumento en el riesgo de deflación.
En el mercado local, el dólar se incrementó de la mano de una caída en el precio del petróleo pero no se registró un deterioro tan fuerte en las acciones ni en los TES. Para el dólar, es entendible por el impacto que esto puede tener en las exportaciones del país; en las acciones porque en las últimas semanas se percibe un ambiente diferente al de menores volúmenes de negociación; y en los TES ayudado por la respuesta de los Tesoros.
No obstante, si el mercado cambiario se ha movido en las últimas sesiones por la expectativa de lo que pasará cuando la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) incremente su tasa de referencia, es importante tener en cuenta lo que ha sucedido en el pasado. En los últimos tres grandes incrementos de la tasa de interés de la FED, en las últimas tres décadas, tres meses después del primer incremento, ha venido acompañado por retrocesos en los índices accionarios en los Estados Unidos y por debilidad de su moneda. No necesariamente esto va a pasar pero es bueno tenerlo presente.
Además, es importante tener en cuenta que la política monetaria como la conocíamos antes de la crisis de 2008-09 ya no existe. Hoy los bancos centrales en el mundo ofrecen mayor información al mercado. Brindan ruedas de prensa, informes que explican sus decisiones y que preparan al mercado para futuros movimientos. En otras palabras, el tan esperado incremento en la tasa de la FED, puede estar incorporado en buena parte por los activos del mercado y posiblemente no tener un gran impacto en la fortaleza en el dólar. Esto ya en buena parte se ha registrado.
A nivel local, es relevante rescatar de los últimos días el reporte de la agencia calificadora Moodys y de la revista The Economist acerca de la economía colombiana. El primero, resaltó el pasado 5 de agosto que a pesar de las dificultades recientes relacionadas con la caída en el precio de las materias primas, la economía se mantiene resistente en parte por un marco fiscal sólido y unas reservas adecuadas. Reconoció que la economía puede desacelerarse en 2015 (3.5%) pero la inflación moderarse y el déficit de cuenta corriente disminuir gradualmente. Resaltó que las autoridades tendrán la ventaja de una tasa de cambio flexible que ayudará a absorber parte del impacto en la caída en el precio del petróleo. Además, el Gobierno pondrá a prueba la regla fiscal y puede adelantar una reforma tributaria. Por último, preponderó la fortaleza del sistema financiero, el cual cuenta con activos de buena calidad y con un negocio rentable.
Con respecto a la última edición del semanario más importante del mundo, señaló que la economía colombiana podría crecer cerca de 3,4% en 2015. Esto se ve optimista frente a la estimación del Banco de la República pero puede incorporar algo de lo que se espera para el cierre del año. Un posible menor déficit de cuenta corriente, la entrada en funcionamiento de la Refinería de Cartagena, el buen recaudo de impuestos y una mejora en lo que puede contribuir las obras civiles en el crecimiento.
También, la semana anterior, en el marco de la Asamblea Nacional de la ANDI (Asociación Nacional de Empresarios de Colombia), el Presidente Juan Manuel Santos y la Ministra de Comercio, Cecilia Álvarez, anunciaron la firma de un Decreto que amplía las partidas (de 3,490 a 3,623) con cero arancel de importación para bienes de capital que no se producen en Colombia. Esto, incluido en PIPE 2.0, que se extenderá hasta el 15 de agosto de 2017, puede representar a los industriales cerca de 1.4 billones de pesos.
En medio de tan importantes noticias y eventos internacionales, algunos confusos y contradictorios, consideramos que las últimas semanas han sido de mejores noticias para Colombia. Lo anterior no lo ha decantado por completo el mercado y esperamos que las cifras que se publiquen próximamente confirmen este optimismo moderado en el país.