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Sábado, 06 Junio 2026 00:32

Colombia urge replanteamiento total en ordenamiento social de la propiedad

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Colombia urge replanteamiento total en ordenamiento social de la propiedad Imagen-de-CESAR-AUGUSTO-RAMIREZ-VALLEJO-en-Pixabay

Para el ex Superintendente de Notariado y Registro Jairo Mesa, el país debe apostar por tierras productivas y exportadoras más no por líos a los campesinos que reciben predios, pero no herramientas.

El tema de tierras será eterno en Colombia y el mundo, tristemente el despojo y el robo de predios ha existido hace más de 10.000 años cuando en el Neolítico el hombre decidió dejar la recolección y la caza para fundar la agricultura y la ganadería. En ese tiempo los hombres atesoraron feudos y lugares para la labranza, desde allí y pasando por distintas etapas vino todo tipo de modalidad para quitar terrenos, fincas y sitios promisorios y con ello se creó la lucha de clases, la exclusión y las mismas guerras. Los hombres más ricos querían más dehesas, más ganado y más mozas, que también fueron arrancadas de los hogares humildes en tiempos varios, básicamente en momentos de reyes y feudales, hoy el problema sigue solo que con otro nombre sin que deje de ser un preocupante apéndice del hampa.

Hablar de tierras generalmente se asocia con reclamos, problemas y más problemas que se dan en todo el mundo, y no es un mal menor, ya que muchas tierras como en las tres américas cuando en la conquista y la colonia fueron invadidas y hurtadas por colonos europeos, sajones y otros caza fortunas de las más precarias condiciones humanas y de salubridad que arribaron en 1492 para destrozar fauna, flora y seres humanos, las comunidades indígenas entre los siglo XV y XIX fueron las grandes afectadas, a tal punto que se habla de un exterminio impío que devastó culturas, costumbres y entornos.

De todas maneras, el mal hábito de quitar tierras a la brava y con el terror como instrumento de celeridad sigue dándose, es como se anotó, un apuro global que necesita ser controlado porque muchos miden su poder de acuerdo a las hectáreas que tengan sin importar que estén impregnadas de sangre, llanto, luto y proscripción. Hay avances, pero igual mucho codicioso que no se mide a la hora de sumar hectáreas. La pregunta que surge es, ¿para qué tantas acres de tierras, para qué fincas infinitas si al final el gamonal necesitará un trozo mínimo para la inexorable, pero real sepultura, máximo dos por dos metros, nada más.

El mal o la tragedia no se reportó única y exclusivamente en América, también en África y Asia un fenómeno de apropiación matizado por el dominio militar y un marcado etnocentrismo. Ese asunto dejó un saldo que aún sigue cobrando intereses expresados en miseria, hambre, desplazamiento, muertes y saqueo de recursos naturales, lo muy grave es que, para alcanzar el apogeo de lo ilícito, las potencias en su afán de multiplicar botines, acudieron a prácticas execrables, crueles y esclavistas, de ese cáncer no se salvó ni siquiera Oriente Medio que precisamente vive de guerra en guerra por efecto del pasado y de un trato desobligante y digno de responsabilidades penales en Altos tribunales.

 

 

La gente pensó en su mayoría que con el cambio de siglo y al amparo de una modernidad que señalaba ese tipo de despojo, las cosas cambiarían, pero no, hay países invadiendo otros países, despojándolos de sus riquezas y reviviendo el tiempo de los inolvidables piratas que fueron historia cuando su origen era inglés, pero innombrables cuando se habla de negros africanos en las hoy empobrecidas costas del continente llevado a la pauperización, sin que ello justifique asaltos o muertes.

El acopio intensivo de tierras se sigue dando, quizás con mayor fuerza en los siglos XX y XXI, seguramente incentivado a nivel mundial por un proceso de expansión de explotaciones y extracción, inversiones hechas por connotadas multinacionales que también apuestan por soluciones energéticas, absorción de oro y otras riquezas sin dejar de lado todo un fenómeno de usufructúo de la tierra con fines alimentarios.

En todas partes se han creado entidades para regular la propiedad y el uso del suelo, Colombia, por ejemplo, erigió el llamado registro notarial desde 1790 en plena colonia, tiempo en el que fue consignado o puesto al servicio del público el primer libro para registrar sucesos jurídicos. Después, en 1873, se puso en funcionamiento el registro de propiedades inmuebles con el Código Civil del mismo año, en esa normativa quedó instituido el sistema de registro de instrumentos públicos que permitía hacer y facilitaba transferencia de bienes. Ya en tiempos más modernos, en 1970, el ejecutivo expidió la normatividad ajustada a la nueva realidad del país y el mundo. Por medio del Decreto Ley 960 de ese año que impulsó la función notarial y la fe pública.

Hay que anotar que con el Decreto 1250 de 1970 se afianzó el Registro de Propiedad que después se remozó con la Ley 1579 de 2012, ni más ni menos que el encargado de regular la Superintendencia de Notariado y Registro. Aparte de servicios notariales, vigilancia y control, la Superintendencia de Notariado y Registro ha sido vital en la matrícula y archivo de la propiedad, con los años la entidad fortaleció la seguridad jurídica en Colombia.

En la presidencia de Alberto Lleras Camargo se crea un 28 de diciembre de 1959 por medio del Decreto 3346 la Superintendencia de Notariado y Registro, en ese momento adscrita al Ministerio de Justicia. Después de unos meses, en 1962 apelando a la Ley primera y el Decreto 1298, la entidad fue constituida como establecimiento público ya con personería jurídica y un capital o fondo propio.

Hoy la Superintendencia de Notariado y Registro opera como Unidad administrativa especial con toda la independencia financiera y administrativa, llevando soluciones y servicios en todo el país en donde han resultado esenciales las oficinas de Registro de Instrumentos Públicos en donde los propietarios sienten la mano estatal en la defensa de la propiedad privada y la tranquilidad jurídica.

 

 

Las reclamaciones por tierras han sino más comunes de lo imaginado, por ejemplo, las organizaciones campesinas más pretéritas en América Latina y Colombia se muestran en la alborada del siglo XX cuando sus líderes quisieron parar el despojo, exigieron la propiedad agraria e inclusive pidieron derechos laborales.

Son recordadas la de México en 1911 con la explosión a la que llevó la Revolución mexicana, el famoso Plan de Ayala que encabezó y condujo Emiliano Zapata, un asunto que terminó con un documento agrario formal que solicitaba la restitución y la entrega de tierras a los labriegos con un lema recordado, Tierra y Libertad.

En 1928 quedó en la historia la creación de la Sociedad Agrícola de Sumapaz en Colombia, la primera organización fundada para solicitar títulos ante el abuso visible de terratenientes que llevó a esas iniciales Juntas de Colonos. También en Colombia, entre 1918 y 1925 surgieron los primeros grupos de filiación sindical como también ligas de resistencia para ponerle freno a los latifundios, si bien fue un fenómeno de la Costa Caribe, se hizo más notorio en el departamento de Córdoba.

En 1967 bajo el gobierno de Carlos Lleras Restrepo nace la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, organización que lideró una lucha frontal y para la historia de la Reforma Agraria, trascendental en los años 70. Allí también hubo una alegórica frase, “La tierra pa´l que la trabaja”.

El tema de las tierras y sus conflictos puede durar días, meses o años, su complejidad es tenaz, pero quizás por tener tantos intereses en la mitad y una baja instrucción en el debido uso de los suelos para hacerlos productivos, exportadores y garantes de la seguridad alimentaria. Ese punto será vital en el próximo gobierno y por eso golpeamos a la puerta de uno de los colombianos con mayor conocimiento en territorio, tierra y desarrollo agropecuario a gran escala.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el ex Superintendente de Notariado y Registro Jairo Alonso Mesa Guerra afirmó que independiente del matiz político que gobierne el país en los próximos cuatro años, antes que ideología el nuevo presidente de la República debe referirse al derrotero que en tierras tomará la seguridad jurídica, un asunto del que no han hablado las dos propuestas en contienda y que deben afianzar una posición para cautivar al electorado de las regiones y la ruralidad en dónde hay más preguntas que respuestas.

Según el conocedor, se ha venido hablando de reforma agraria, pero soportada en entrega de tierras, expropiación, extinción de dominio, procesos de clarificación de la propiedad y adjudicación de baldíos, pero recalcó que con muy poca claridad sobre el cómo y el dónde de la reforma agraria para tener más certeza del mapa agrícola y ganadero del país. Agregó que la otra propuesta de gobierno habla de propietarios, pero sin precisar sobre estos porque simplemente se van a formalizar tierras de la falsa tradición y de los procesos que vienen de prescripción adquisitiva de dominio.

Consideró urgente darle instrumentos y uñas a la Jurisdicción Agraria porque a juicio suyo porque ve que el proyecto de Jurisdicción Agraria adolece de innovación y propuestas que respondan a las necesidades del país ya que su artículo noveno es un apéndice de la Agencia Nacional de Tierras, ANT. Insistió en que Colombia no tiene una política expedita en el manejo del territorio e insistió que la tierra es transversal a todos los sectores económicos puesto que tiene que ver con productividad, con medio ambiente, infraestructura, minería, parques naturales, agua, crecimiento de las ciudades y otros aspectos que hacen que el Estado impulse una política integral de manejo de tierras.

 

“Por eso siempre he propuesto que toda esa institucionalidad existente, catastro multipropósito, restitución de tierras, formalización de predios, procesos agrarios y que el mismo registro de la tierra sea manejado a través de un único ente sin que tenga que depender de ningún ministerio, tan solo de una Junta Directiva que sí esté al tanto de todos los ministerios que tienen que ver con tierras, verbigracia, ministerio de Vivienda para saber en dónde vamos a desarrollar las ciudades, ministerio de Agricultura para determinar en dónde se va a producir, ministerio de medio Ambiente para tener de primera mano las tierras que se van a conservar, pero no cada uno tirando para su lado generando un caos en el territorio”, declaró el señor Mesa Guerra.

 

 

 

En materia de tierras, explicó Mesa Guerra, las entidades que han manejado el tema predios y de la misma reforma agraria como el Incora, Incoder y la misma Agencia Nacional de Tierras, ANT, no han mostrado la eficacia y contundencia necesaria para promover el ordenamiento agropecuario del país y ello, precisó, porque entidades como la ANT solo han tenido una pequeña competencia, pero está en el ministerio de Agricultura, dijo la Agencia de Restitución de Tierras cuando es un proceso judicial, un tema más de justicia que de agricultura, pero asimismo cuando se tiene en el ministerio de Vivienda y en Planeación Nacional los Coeficientes de Ocupación Total, COT, Plan de Ordenamiento Territorial, POT y hasta los Build Operate Transfer, en español, Construir, Operar, Transferir, BOT para el crecimiento de las ciudades, asunto complejo cuando el suelo de expansión de las urbes se sigue definiendo por Unidades Agrícolas Familiares, UAF, cuando muchas veces esta figura no es una medida de crecimiento económico y menos una providencia de Planeación.

En su charla, el conocedor dijo que preocupantemente en Colombia se adoptó la UAF como mecanismo casi que de dependencia cuando se tiene un artículo en la Ley 160 de 1994 todavía muy vigente que no permite fraccionar tierras lo que no permite destinar predios para el crecimiento y el desarrollo, aún, indicó se está pensando en una agricultura de 1994 cuando el mundo cambió y la tecnología avanzó con nuevas opciones.

A criterio del también abogado, la Unidad Agrícola Familiar es dinámica de acuerdo al proyecto productivo y a las áreas que éste necesite, pero subrayó que Colombia requiere con urgencia un replanteamiento total en el ordenamiento social de la propiedad, un término que se debe acuñar, ordenamiento social, en donde el territorio se estructura y se regula porque en Colombia afortunadamente caben todos.

 

La tierra se entrega para que sea productiva

 

 

Hay una verdad en todo el tema de reestructuración y es que, si hay entrega de predios, debe existir productividad porque la filosofía de cualquier reforma agraria es precisamente sembrar, criar y llevar alimentos a las centrales de abastos con toda la calidad e inocuidad. Así las cosas, los beneficiados con nuevos predios deben entregar cosechas sobre la base de unos proyectos previamente analizados y financiados, pero por otro lado los gamonales y quienes han fortalecido sus activos y patrimonios con propiedades robadas igual se tienen que acoger a la ley y hacer la debida entrega de terrenos indebidamente adquiridos.

Un problema en Colombia, apuntó Mesa Guerra, es un endeble concepto cultural porque muchos en el país siguen creyendo que la acumulación de tierras es sinónimo de riqueza y eso no es así, manifestó, porque quién es rico es ese sujeto que está en condiciones de poner esa tierra a generar rendimientos, riqueza y suministro.

Dijo además que no hay condicionamientos en Colombia para que esa tierra sea realmente productiva y caso opuesto se sigue vendiendo un discurso en el sentido de que acumulación es igual a concentración, aunque hay en Colombia, afirmó, una concentración que es productiva porque no se puede desconocer que el Valle del Cauca, el Urabá Antioqueño y Córdoba tienen la llamada concentración, empero es altamente productiva, eficiente y generadora de empleo así como dividendos para el país, en fin confecciona una economía real en sectores productivos como caña, palma y banano, no una condensación focalizada en ganadería que es la que se tiene que atacar, no expropiando sino mostrándoles negocios a esas tierras como sucedió en Maní, Casanare, en donde grandes extensiones destinadas a ganado pasaron a palma de aceite generando 90.000 empleos cuando una finca ganadera ofrecía un puesto de trabajo por 1.000 hectáreas, el tema es sencillo, comentó, actualmente en 1.000 hectáreas de agricultura se pueden crear 1.000 empleos, el asuntó, repisó el jurista, es cómo se garantizan condiciones para que esa tierra se vuelva ampliamente productiva.

 

“Vuelvo y lo repito, en los Llanos Orientales no puedo ir a repartirle una hectárea a un campesino, allá se necesitan grandes extensiones y por eso se crearon las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social, ZIDRES, unos territorios destinados en Colombia para el desarrollo agroindustrial a gran escala creadas por Ley 1776 de 2016 que buscan impulsar la productividad en territorios aislados, con elevada pobreza y baja densidad poblacional, una figura exitosa como el de la palma que crece con proyectos asociativos que involucra campesinos e inversión privada.

 

 

 

Lamentablemente, dijo Mesa Guerra, ningún gobierno le ha dado la importancia a las ZIDRES porque esta opción demuestra como los grandes pueden crear muchas Fazendas en Colombia, cómo se pueden tener prósperos cultivos de palma en la Altillanura y cómo se generan condiciones también para que en el interior, la zona cafetera y otras de altísimo historial agropecuario se pueda producir aguacate en pequeña escala, también café y seguridad alimentaria en las tierras y ejes que son apropiados para eso, pero insistió en que no se debe insistir en hacer reforma agraria en los Llanos Orientales porque nunca se va a lograr. El trabajo agrícola, estimó, necesita un esfuerzo muy grande del Estado, pero también del privado y condiciones de seguridad jurídica para que los capitalistas puedan invertir en agroindustria.

Hay modelos para replicar, el cafetero, el palmero y la misma Agricultura Familiar, pero todos enfocados al atributo y las exportaciones porque hay una coyuntura en la que cualquier cosa puede pasar y el mundo según economistas y científicos, se puede quedar sin alimentos, es decir que haciendo la tarea hay oportunidad y una estrategia natural y genuina de hacer sustitución de importaciones que por un eventual rompimiento en las cadenas de suministro y posibles precios altos podrían caer.

Sobre este particular Jairo Alonso Mesa Guerra expresó que hay que ver el campo también como negocio en donde todos caben, grandes, medianos y pequeños, pero también hay que tener en cuenta el trabajador agrario porque es mejor tener un empleado de la ruralidad ganando bien, con todas las prestaciones sociales y calidad de vida que un labriego con 20 hectáreas sin plata para semillas o fertilizantes, totalmente emproblemado y por eso, apuntó, la reforma agraria debe hacerse con profesionales del campo en donde es tan capacitado un zootecnista, un agrónomo o un zootecnista como un abogado que se dedica al campo.

Allí, señaló, es donde todos deben aportarle algo a la oferta exportadora porque hay indefectiblemente unos excelentes negocios que florecen en los campos y un ejemplo casi literal es que Colombia, más allá de las flores, produce jardinería de gama alta razón por la cual exporta matas y productos del jardín a Estados Unidos, todos proyectos de Mujer Rural por lo que se debe tener en cuenta que la mujer del campo está en la alarmante línea de extinción porque una gran mayoría migró a las ciudades y un campo sin el capital humano no es rentable ni viable. Un ejemplo ideal es el del norte de Antioquia en donde todo el trabajo campesino lo hacían hombres, actualmente, dijo el agente, el 40 por ciento de esas labores las hacen mujeres por la incorporación de la tecnología y eso demuestra que cuando se incorpora avance tecnológico en la ruralidad y en las mejoras productivas, en menos áreas hay mejores rendimientos y el mismo empleo a las féminas del campo, un incentivo remunerado para que no tengan que partir a las urbes.

 

 

Para el ex Superintendente de Notariado y Registro, más allá del petróleo, el turismo, la industria y otros sectores como la química, diversión, gourmet y muchos más, el campo es la carta a jugar por parte del nuevo gobierno, pero solo pensado en agronegocio, las otras actividades son esenciales y suman en el PIB, no cabe duda, pero un agro eficiente, juicioso, tecnificado y bien proyectado como negocio exporta y le resulta útil al país, además, repitió, hay franjas agrícolas hechas para llevar alimentos a cada una de las ciudades en el plano local.

Hoy anotó, hay actividades que van de la mano, un ejemplo café y turismo como pasa en el Quindío que después del terremoto afianzó empresas agroturísticas, sencillamente fincas productoras de grano excelso transformaron las fincas para vender experiencia, aire limpio, tranquilidad, entornos espectaculares de paisaje y medio ambiente, un sano y rentable doble propósito en donde los grandes hoteles están metidos en las haciendas como se ve en Jardín Antioquia, municipio que combina la productividad del café y la piscicultura con la oferta de habitaciones, restaurante y valor agregado en grano, todo un ejemplo de creatividad en donde la tierra no depende solamente del ministerio de Agricultura sino que es transversal a todas las carteras y en general al total de la política pública porque hay que seguir impulsado proyectos que combinados dinamicen la economía rural.

 

Para ganar terreno, hay que hacerle reingeniería al campo

Hay regiones con mucho potencial agropecuario como el altiplano cundiboyacense, el Valle del Cauca, la Costa Norte, los Santanderes y otras que pueden llevar la productividad a niveles sumamente elevados y por consiguiente aumentar los ingresos por exportación y abastecimiento local. En agricultura hay una deuda con el algodón en donde se puede volver a las 400.000 hectáreas o más porque las textileras e hilanderías necesitan fibra de calidad para lograr las mejores telas, igual hay espacio para frutas, lechería, carne, tubérculos, hortalizas, flores, palama de aceite, banano, café y mucho más, pero con una gran meta, la transformación productiva porque departamentos como el Valle del Cauca que solo vive de la siembra y recolección de caña, no tendrá mejor oferta de empleo en la región, algo grave porque con la salida de las grandes empresas de Yumbo en el pomposo Valle del Cauca la oferta laboral es cada vez menor, también hay una concentración en palma que cada día se tecnifica más igual con menos opciones de empleabilidad, lo cual sumado conlleva a presiones sociales en ciudades como Cali en donde la salida es el comercio y el turismo, una región rica y emblemática que día a día viene retrocediendo en agricultura y obtención de alimentos.

 

 

El tema es que hay muchas otras regiones con una prospectiva enorme que puede reemplazar las hectáreas que se lleva la caña en el Valle del Cauca, pero hay que identificarlas, adaptarlas y trazarles proyectos con transformación incluida, todo un trabajo de cadena que puede sacar provecho del sistema ferroviario que está volviendo y otras ventajas competitivas como el modo fluvial hoy subutilizado. Las grandes haciendas del Magdalena Medio y las tierras todas destinadas a ganadería, seguramente, dijo el versado, verán una transformación con el tren que tiene ruta desde La Dorada hasta Santa Marta, un sistema que será determinante para caña, palma y otros cultivos.

Hoy la competitividad se reduce mayoritariamente a carreteras en donde hay derrumbes, protestas, inseguridad y otros flagelos que las mantienen paralizadas lo cual invita a reflexionar y replantear la productividad en Colombia y ante ese panorama, un ministro que sepa leer la realidad del mundo para insertar a Colombia en los mercados, ayudaría mucho con la productividad planeada y llamada a repuntar.

El tema de la transformación y valor agregado no puede perderse de foco porque la agricultura rentable es aquella que convierte commodities en bienes mejor remunerados, para el invitado, los commodities hace rato pasaron de moda y por eso ganan muchísimo dinero quienes absorben para añadir valor, conociendo la fórmula, recalcó, no hay lugar para llantos o quejas.

Hoy, afirmó el amable Jairo Alonso Mesa Guerra, Colombia tiene empresas chinas construyendo el Metro de Bogotá con tremenda eficiencia, empresarios e China ofrecieron construir un ferrocarril entre Puerto Carreño y Puerto Gaitán y desarrollar cuatro millones de hectáreas que el país tiene allí. A juicio del ex Superintendente de Notariado y Registro, Colombia tiene una posibilidad muy grande, pero de la mano de la cooperación internacional, el país no puede seguir creyendo que solo con recursos propios que son limitados se puede catapultar económicamente la nación, luego hay que buscar alternativas, trabajar como lo hace Chile en concesiones a largo plazo para lograr grandes obras de infraestructura evitando el endeudamiento y la misma corrupción que generalmente corroe todo en el Estado.

 

 

La productividad, manifestó el experto, tiene que ir de la mano con nuevas tecnologías, es decir ampliando redes para la conectividad y la infraestructura y precisamente para eso está la Ley ZIDRES que permite lograr el desarrollo en regiones determinadas al amparo de condiciones jurídicas diferentes al resto de las provincias porque no se puede aplicar la misma Unidad Agrícola Familiar de la Sabana de Bogotá a la Altillanura colombiana sencillamente porque no opera el mismo modelo productivo.

Hoy Colombia debe seguir ampliando alternativas de desarrollo, Estados Unidos y las américas son un escenario que debe seguir dinámico, pero China, India y otros países del mundo lo que incluye Europa y Asia están abriendo opciones comerciales y de inversión luego todo el capital que llegue debe ser bienvenido porque como es notorio el mundo está cambiando y camina a un contexto de economía y sociedad sin patrones o malos jefes, todo bajo parámetros de competitividad, calidad, inocuidad y cumplimiento. A la fecha, recordó Jairo Alonso Mesa Guerra, Colombia figura dentro de los siete países del mundo que más área tiene disponible para la productividad agrícola, claro está, con otro indicador paralelo y muy triste, el país aparece como el de menor productividad, se tienen 40 millones de hectáreas todavía en ganadería extensiva.

 

“Nosotros ya no somos agricultores. La diferencia entre un ganadero en Uruguay con uno de Colombia es que allá en el Cono Sur hay agricultores que alimentan ganados, aquí tan solo tenemos reses devorando potreros, ellos los uruguayos siembran todo para dárselo a las vacas, en Colombia no sembramos nada, luego el secreto de retomar el agronegocio es hacerle reingeniería al campo y no con el terrible asistencialismo, el asunto es sumando socios como lo hace la palma dignificando plantadores, igual se necesitan tasas de interés bajas y diferenciadas, el campo es otro mundo para que viva todo el mundo, la ruralidad necesita incentivos para el riego e incentivar la productividad para mejorar los indicadores de empleo, es decir trabajadores campesinos bien remunerados.

 

 

 

El país ha cambiado, dijo Mesa, anteriormente se rifaba la competitividad, literalmente eran sorteados caballos, mulas, fertilizantes, bultos de abono y herramientas. Ahora todo cambió, todo mundo anda en moto, compran el mejor celular, les gusta ver muy buena televisión, dicho de otra forma, trabajan para crecer en calidad de vida, hoy dejaron de ser población vulnerable para vivir mejor que cualquier habitante de ciudad.

Los modelos han surgido y por ejemplo en palma el exministro Carlos Murgas demostró que con asociatividad se puede hacer mucho, quizás demasiado porque es claro que las asociaciones bien conformadas funcionan, otro buen ejemplo fue Indupalma, pero Colanta es otra cooperativa que lleva décadas, fue fundada en el municipio de Donmatías, Antioquia, el 24 de junio de 1964 por un grupo de campesinos productores de leche que le apostaron al comercio justo de su obtención. El éxito es tan grande que hoy en día es más grande la cooperativa financiera que la misma Colanta, una serie de modelos que sirven, no dejando por fuera el café y las cooperativas de Mondragón fundadas en País Vasco por allá en 1956, hoy es conformada por más de 100 cooperativas autónomas que les da empleo a más de 81.000 personas. Una mutual que vende y obtiene utilidades superiores a 12.000 millones de dólares al año en frentes que tienen que ver con industria, conocimiento, distribución, sector financiero y un marcado trabajo en el campo.

Ese modelo es ganador y debe replicarse en Colombia porque tiene alta productividad, soluciones distintas, innovación, transformación paralela, tecnología y mucha inclusión, es un emporio de valor agregado que viene haciendo muy bien la Fazenda, empresa que hace muy bien su trabajo con un encomiable proyecto productivo que llega a los hogares en las mejores condiciones, lo cual incluye hasta recetas para comer cerdo con todo el gourmet en cada una de las casas, eso es lo que se debe hacer.

Otro aspecto a tener en cuenta es que hay grupos económicos que le apuestan al campo colombiano, hay empresas muy conocidas que ponen su patrimonio al sol y el agua. Otro eje productivo es Huila y Tolima en donde Huila se posicionó como el departamento de mayor producción y calidad excelsa, todo un paradigma de cómo se debe desarrollar la microempresa y la pyme alrededor del café, pero no solamente tienen café en donde son líderes, el Huila siembra y cosecha cacao de gran atributo, el una región piscícola trascendental y cultivan arroz aunque en ese aspecto hay una crítica que expuso el analista porque los arroceros se volvieron rentistas de la tierra, los dueños de los predios le arriendan al productor y viven de esa renta lo cual no debería ser así porque la fórmula incrementó el precio del cereal en Colombia.

 

“Los rentistas de la tierra en zonas como Campoalegre, Espinal, Guamo y buena parte del Tolima hasta Natagaima, son personas que arriendan predios para el arroz, algo que debe tenerse en cuenta al momento de hacer un cierre financiero para un sector agropecuario como el arroz”, puntualizó Jairo Alonso Mesa Guerra.

 

 

 

Para el ex Superintendente, cuando se habla de poner a punto el campo hay que aunar esfuerzos y articular trabajo en varias entidades estatales como el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, la autoridad sanitaria, la Superintendencia de Notariado y Registro para certificar propiedad y otros entes que articulados son importantes y determinantes.

De cara a la segunda vuelta electoral, Mesa Guerra dijo que no es sano ni consecuente acabar con la institucionalidad del campo, con la poca que le queda al productor y a los sectores agropecuarios por que bien o mal a través de los años se ha defendido y se ha mantenido. Fue enfático al decir que el ICA es una entidad muy importante para el sector sin negar que necesita mayor eficiencia, pero recomendó no eliminar otras entidades porque el registro de la propiedad nunca la entregaría a un privado porque se trata de la confianza que tiene el ciudadano en su certificado de libertad y tradición por decirlo con palabras castizas por cuanto siempre que una persona se ve en un certificado de libertad se siente propietario, dueño y tenedor de predios o activos inmuebles que se han conseguido con mucho esfuerzo.

 

“La Superintendencia de Notariado y Registro es una entidad que lleva más de 100 años en Colombia ofreciendo seguridad jurídica y por eso en el momento actual hay que involucrar la tecnología para optimizar estas entidades porque con el Estado se ha venido retrocediendo después de tener un modelo de eficiencia que se quiso reemplazar con un número tremendo de contratistas, medida desafortunada porque repito, el asunto pasa por invertir en tecnología. Hoy en día la Inteligencia Artificial, IA, nos ayudaría a calificar muchos documentos de instrumentos públicos, en esta era la IA daría una mano vital explorando patrones de comportamiento de una enfermedad en el sector agropecuario, sería muy útil con agricultura de precisión, todo un desafío para el futuro con IA que sí o sí hay que incorporarla al pequeño, mediano y grande productor. Un pequeño no tiene cómo implementar IA y si de pronto tiene una porqueriza de 100 cerditos por decir algo y e Estado le da un sistema de calidad y le implementa tecnología, ese porcicultor será mucho más eficiente”, acentuó Mesa Guerra.

 

Hubo una situación muy llamativa en el norte de Antioquia cuando todos pensaron que con la entrada de Fazenda al mercado los criaderos de cerdo de pequeña escala iban a desaparecer, pero caso opuesto empezaron a crecer porque imprimieron eficiencia, genética, talento y conocimiento, tanto así que mujeres zootecnistas llegaron y obtuvieron 100, 200 y 300 marranas de cría, se dieron a la tarea de lograr el mejor producto para el mercado antioqueño, un ejemplo de emprendimiento desde el campo, el tema no pasa, concluyó el ex Superintendente de Notariado y Registro Jairo Alonso Mesa Guerra, por discursos o repartición de tierras, no, la idea es participar a la ruralidad de los grandes negocios del campo y llegó la hora de hablar de nuevos proyectos de alta rentabilidad antes que de administración, los jóvenes necesitan aprender de eso, levantar la persiana que cerró la apertura económica hace más de 30 años para incursionar con todo optimismo y éxito en el agronegocio, una fórmula mucho más acertada que entregar cinco o diez hectáreas para que las familias sufran y pasen hambre.

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